jueves, 17 de febrero de 2011

Tomás de Aquino: Suma contra los gentiles, cap. XIII-XXI

 

Este fragmento de la obra Contra los gentiles aborda en estos capítulos los temas referentes a probar con argumentos que Dios es, la eternidad de Dios, la afirmación de que Dios no tiene potencia y por último Dios como su propia esencia. Santo Tomás se basa en gran medida en “el filósofo”[1] para desarrollar sus conclusiones, haciendo referencia en varias ocasiones a textos como la metafísica, del alma y la física, en los que sustenta sus afirmaciones.

En el capítulo XIII, Santo Tomás inicia detalladamente su exposición sobre los argumentos y razones de que Dios es, partiendo del movimiento mediante dos vías que son: “que todo lo que se mueve es movido por otro”[2] y “si todo motor se mueve, esta proposición o es verdadera en sí o lo es sólo accidentalmente”.[3] Desarrolla ambas vías con sus varias pruebas de justificación y validez.

En la primera vía que sostiene que todo lo que se mueve es movido por otro, Santo Tomás llega a la conclusión de que es necesario que haya un motor inmóvil que mueva todo y no reciba el movimiento de otro “y a éste llamamos Dios”;[4] desglosa este argumento en dos proposiciones que a su vez tienen tres maneras o pruebas de comprobarse; la primera proposición consiste en que todo lo que se mueve es movido por otro, afirmando que si un ser se mueve a sí mismo, es absolutamente necesario que este contenga en sí el principio de su movimiento, pues de otra manera, sería movido por otro; éste que contiene al movimiento es el primer movido. La segunda prueba es denominada de inducción y dice que todo aquello que se mueve accidentalmente, no se mueve a sí mismo, pues se mueve en otro, terminando con la sentencia de que todo lo que se mueve es movido por otro; todos son movidos por quien les da el ser. Y por último dice que nada puede estar en acto y potencia al mismo tiempo, nada puede ser motor y movido, porque nada se mueve a sí mismo.

La segunda proposición de la primera vía que consiste en la imposibilidad de proceder indefinidamente en los motores y movidos, postula primeramente que si hay un proceso infinito en motores y movidos necesariamente tendrán que ser cuerpos, y que todo cuerpo que mueve, al moverse, es movido, dando como resultado que cuando uno se mueve, todos los infinitos se mueven; Santo Tomás dice respecto a esto que es imposible que los infinitos se muevan con tiempo finito y que el que mueve y lo movido deben ser simultáneos, siendo un solo móvil por continuidad. La segunda prueba dice que hay un orden en el movimiento, uno es movido por el otro y que quitando el motor primero ninguno podrá moverse, ni ser movido, “porque el primero es causa del movimiento de todos los demás”.[5] Y la última prueba argumenta que lo que se mueve “no puede mover si no hay algo que mueva como causa principal”,[6] finalizando que con estas demostraciones se justifica que “hay un primer motor inmóvil”.[7]

Respecto a la segunda vía Santo Tomás dice que si el motor no se moviera, no movería a nada más, y esto según Aristóteles es imposible, pues siempre ha habido movimiento; el primero no puede ser contingente ni accidente, “en conclusión, es necesario admitir un primero que no es movido por otro exterior”.[8] Termina diciendo que es razonable que este primer motor sea inmóvil y que además se mueva por sí mismo y no por otro, “en los que se mueven a sí mismos, una parte sea inmóvil y motora de la otra”[9], este primer motor que se mueve a sí mismo, no puede ser movido ni esencial ni accidentalmente, “el primer ser que se mueve a sí mismo muévese siempre, porque de no ser así, no habría movimiento sempiterno, ya que todo movimiento es producido por el movimiento del primer ser que se mueve a sí mismo.[10]Por encima de este primer ser, está Dios, que no es parte de ningún ser que se mueva a sí mismo, Dios es “otro motor totalmente separado; […] debe darse un primer motor separado absolutamente inmóvil, que es Dios”.[11] El primer ser se mueve por apetito de algo apetecible y lo apetecible debe ser mayor que el propio motor, esto apetecible es aquel motor absolutamente no movido. Dios es la primera causa eficiente, “es esencialmente y en sumo grado verdadero; […] se da algo en sumo grado, y a esto llamamos Dios”.[12]

Santo Tomás afirma que Dios es carente de principio y de fin y que únicamente los seres que se mueven pueden ser medidos por el “tiempo”,[13] como Dios es absolutamente inmóvil, no puede ser medido. Para Dios no hay antes ni después, ni recibe el ser del no ser, Él “tiene simultáneamente todo su ser, que es en lo que precisamente consiste la eternidad”.[14] Dios es la causa primera, no ha comenzado y no dejará de ser, es para siempre y esto lo sustenta con Aristóteles que dice que “en las causas no se puede proceder indefinidamente. Ha de admitirse un ser necesario”.[15] En cualquier ejemplo se llegará a un ser que no tenga principio.

Dios no está en potencia, “Dios esencialmente no puede no ser, por su misma naturaleza”.[16] Al ser el primer ser y la causa Dios no puede estar en potencia ya que el acto precede a la potencia, Dios es acto puro, es acto sin mezcla de potencia.

El autor termina en el capítulo XXI escribiendo que Dios es su propia esencia, quidad o naturaleza, pues en todos los seres que no son su propia esencia debe existir una composición y en Dios no hay tal composición, lo que está fuera de la esencia son los accidentes y Dios no tiene accidentes, “la esencia divina es por sí sustancia singular o individualizada en sí misma al no estar en materia alguna”,[17] Dios es su propia esencia.

Bibliografía:

Fernández, Clemente, S. I, Los Filósofos Medievales, selección de textos, “Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles”, BAC, Madrid, 1979, Tomo II, págs. 334-348.


[1] Aristóteles es por antonomasia “el filósofo”.

[2] Fernández, Clemente, Los Filósofos Medievales, selección de textos, “Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles”, BAC, Madrid, 1979, Tomo II, págs. 334-335.

[3] Ibíd., p. 338.

[4] Ibíd., p. 334.

[5] Ibíd., p. 338.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem.

[8]Ibíd., p. 340.

[9] Ibídem.

[10] Ibíd., p. 341.

[11] Ibíd., p. 342.

[12] Ibíd., p. 343.

[13] El tiempo es la medida del movimiento en Sto. Tomás de Aquino.

[14] Ibíd., p. 344.

[15] Ibíd., p. 345.

[16] Ibídem.

[17] Ibíd., p. 348.

3 comentarios:

  1. Haces una exposición con buena ilación de ideas y con claridad en ellas. Sería bueno que mencionaras algún ejemplo de alguna afirmación errónea de los gentiles que haya hecho que Santo Tomás presente a Dios como el ser que es y que no es movible.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu aportación. Ahora bien al hablar de causa eficiente, hacemos referencia a una participación plena de dicho ser y eso reafirma que existe una causa primera y creadora haciendo participe de aquello creado de su perfección ¿Porqué en ocasiones lo creado es imperfecto, si participa de un ser perfecto?

    ResponderEliminar
  3. Pienso que tu aportación es de gran valor al exponer los argumentos tomistas sobre la existencia de Dios, fundamentales para la fe cristiana, y que conjugan positivamente la filosofía con la teología, propio de la Edad Media, pero con la originalidad y la relevancia que el sacerdote dominico le dio. Relacionándolo con las líneas filosóficas a desarrollar, se rescatan elementos ontológicos y epistemológicos conforme al contenido; ¿puede haber elementos éticos a partir de la demostración de la existencia de Dios y repercusiones antropológicas?

    ResponderEliminar

Por favor deja un comentario útil, constructivo y documentado