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viernes, 21 de junio de 2013

El oficio de la caballería



"Así como los jueces tienen el oficio de juzgar; así los caballeros tienen el oficio de mantener la justicia." [i]
Oficio porque se aprende, se enseña y es requerida su enseñanza desde el principio. Porque se aprende a ser noble y no se es noble sólo por nacimiento, porque el caballero se ve en la dificultad de defender la justicia, no debe ni puede abusar de ella porque hacerlo va contra el oficio de la caballería.
El caballero poseía una función política que no dejaba de tener su relación con la religión debido a que el caballero era también un siervo de Dios, y puede pensarse en él de una manera cómica como un monje-guerrero.
Al pensar en el caballero, Lulls se refiere al ideal de la caballería que podrá diferir del caballero de la literatura vernácula. En El orden de la caballería ofrece los puntos principales para el oficio de la caballería y cuáles son las funciones principales de esta.
"Es oficio de caballero, cabalgar y moderarse; correr lanzas; concurrir con armas a torneos y justas; hacer tablas redondas; esgrimir; cazar ciervos, osos, leones. Éstas y otras cosas semejantes son del oficio de caballero; porque por estas cosas los caballeros se acostumbran a los hechos de armas y a mantener el orden de caballería."[ii]
Se debe estar en constante ejercicio de las armas porque la función del caballero parte de ejecutar la justicia con sus manos, con la fuerza y por ello es necesario mantenerse en forma. Podría pensarse alguna relación con el actual poder ejecutivo que debe defender al pueblo de las injusticias aunque también protegerlo de sí mismo. Sin embargo el caballero también debe cumplir la función de  muro entre el rey y el vasallo (situación que rara vez sucede). Debe defender el abuso que pueda darse de un poder más alto, ya sea este el rey o un caballero que esté por encima de él, y a su vez imponer el temor entre los aldeanos para que no se den conflictos entre ellos y si llegan a acontecer terminen rápidamente en ocasiones con la simple presencia del caballero. Así el caballero posee su parte maquiavélica pues le es preferente ser temido que amado en su cumplimiento de la justicia.
"Y así como los clérigos, por su honesta vida, por buen ejemplo y por ciencia, tienen orden y oficio de inclinar a las gentes hacia la devoción y la buena vida, en tal guisa los caballeros, por nobleza de ánimo y por fuerza de armas mantienen el orden de caballería, inclinando a las gentes a temor; por el cual temen los hombres injuriarse mutuamente los unos a los otros." [iii]

No cualquiera podía ser caballero, la nobleza a la que se refiere Lulls puede ser obtenida de dos maneras una naciendo en una cuna en la que se tengan los medios para ser caballero; caballo, castillo, tierras. Pero otra es el volverse caballero a través del buen servicio a otro caballero o alguna persona de la nobleza. Para el primero era más fácil el acceder al honor de la caballería justo con sus beneficios sin embargo se necesita de la educación que se ha mencionado anteriormente. Y sin embargo se requiere de ambas noblezas tanto de las de espíritu como de las que disponía alguien con privilegios.

"El caballero sin caballo no conviene con el orden de caballería; así tampoco escudero sin nobleza de ánimo conviene al orden de caballería; porque la nobleza del ánimo y del valor, es el principio del orden de caballería, y en el orden es perseguida la vileza del ánimo."[iv]

Para volverse caballero se debían cumplir ciertos rituales además de la educación y tener los recursos materiales para volverse caballero. A pesar de que los rituales no sean tan necesarios Lulls menciona su gran conveniencia,  pues los rituales mencionados son de paso de ser escudero a caballero, es decir de ser ayudante del caballero a volverse un caballero; poseer los derechos  y deberes que esto implicaba: dar justicia, tener una tierra, un caballo, una lanza, una espada la cual tiene un simbolismo cada cosa que use el caballero.


"Al caballero se le da una espada; la cual es labrada en semejanza de cruz, para significar que así como nuestro Señor Jesucristo venció a la muerte en la cruz, en la cual muerte habíamos caído por el pecado de nuestro padre Adán; de esta manera el caballero debe vencer con la espada, y destruir los enemigos de la Cruz."[v]

 Y como  ser caballero implica también el servicio a Dios, por ello se deben de cumplir con cuestiones referentes a ser un buen cristiano católico. El caballero debe estar de acuerdo con 14 articulos, los primeros 7 respecto a la divinidad y los segundos 7 con respecto a la humanidad

"Los siete sacramentos de la Santa Iglesia son éstos: bautismo, confirmación, sacrificio  del altar, penitencia de los pecados, órdenes que el obispo confiere al que hace presbítero, diácono y subdiácono, matrimonio, unción." [vi]



"en el cual sean recordados los trece artículos que son el fundamento de la Fe; los diez mandamientos de Dios; los siete sacramentos de la Santa Iglesia; y demás cosas tocantes a la Fe." [vii]

Estando de acuerdo con los mandamientos del cielo y la justicia terrenal el caballero podrá formar parte de la sociedad ejerciendo más que nada un papel de mediador y ejecutador de la justicia ya sea entre cielo y tierra o entre dos poderes terrenales como lo serían otros caballeros de mayor rango o entre la gente que debe defender y que comete injusticias.

"Después que el caballero espiritual y el caballero terrenal han cumplido sus oficios respectivos, el caballero novel debe montar a caballo y mostrarse a la gente, a fin de que todos sepan que es caballero, y que se ha obligado a mantener y defender el honor de caballería; porque cuanta más gente sepa que es caballero, mayor freno habrá el novel caballero, y más difícil le será faltar en las cosas de la vida con el orden de caballería.
13. Aquel día se debe celebrar una gran fiesta, dar convites, celebrar justas y otras cosas convenientes a una fiesta de la caballería."[viii]


[i] Ramon Llull, Libro del Orden de la caballería, Clásicos para Ars ,Pagina 12
[ii] Ibíd.,  pág.12-13
[iii] Ibíd., página 9
[iv] Ibíd., pág. 19
[v] Ibíd., pagina 26
[vi] Ibíd., página 24
[vii]Ibíd., pagina 24
[viii] Ibíd., pagina 25

miércoles, 19 de junio de 2013

El Héroe en el imaginario colectivo de la Edad Media





“Los hombres y las mujeres en la Edad Media soñaron muchas veces con la eclosión de un tiempo en el que reinaran la fe y la virtud, el milenio apocalíptico dirigido por un rey surgido de la historia”[1], afirma Jacques Le Goff para describir algunos elementos del imaginario colectivo en el medievo. La figura del héroe no sólo simboliza y refleja la realidad social de la Edad Media, sino que además constituye los anhelos de una sociedad compleja, donde se entremezclan lo real y lo fantástico dentro de un mismo territorio. La cortesía y el heroísmo son un legado de los caballeros del medievo como el Rey Arturo, Carlomagno y el Cid, que siguen presentes en la forma de concebir a los héroes de nuestros días.  

Por “imaginario colectivo” debemos entender a todo el conjunto de representaciones culturales entre lo real y sobrenatural que sobre pasa territorios y temporalidades desde el ámbito social hasta el individual. En palabras de Le Goff  “el sistema de los sueños de una sociedad, de una civilización que transforma lo real en visiones apasionadas de la mente. Lo imaginario tiene que distinguirse también de lo simbólico”[2]. De igual forma  Le Goff advierte que debemos distinguir entre lo ideológico y lo imaginario, es decir, si bien es cierto que la ideología genera una concepción del mundo; lo imaginario utiliza las imágenes de la mente humana que hacen actuar y pensar a una sociedad para estructurar su historia. Es por ello que Le Goff no se remite sólo a objetos figurados, sino sobre todo a las imágenes del lenguaje y mentales como la memoria, los sueños y las visiones.

Una de esas imágenes es la del héroe. En  la Grecia Antigua las habilidades y virtudes del héroe estaban estrechamente vinculadas con el don de los dioses; en la Edad Media, “el héroe no es más que un hombre, todo hombre es un pecador, y a la fidelidad feudal se le opone la tradición de los malvados”[3]. Para describir al héroe, Le Goff utiliza el concepto de preux, un término medieval de finales del siglo XII, el cual engloba a personajes de alto rango -en este caso reyes-  con características como el valor guerrero. Posteriormente en el siglo XIII las cualidades del héroe se orientaron hacia el sentido cortés, gentil, bello y franco. Sin embargo,  cabe mencionar que en el siglo XI el pacifismo cristiano no pudo contener la brutalidad y violencia de los caballeros al servicio de la Iglesia Católica Romana, en su cruzada por los territorios santos en Medio Oriente.
 
 
 

Para describir con mayor detalle al héroe y caballero, Le Goff utiliza el personaje histórico del Rey Arturo, quien posteriormente se convertiría en un hombre entre la realidad y la ficción. Arturo defensor de los bretones elogiado por sus acciones en la literatura celtica, expresa la encarnación mítica de la política medieval. “La Mesa Redonda es el sueño de un mundo de igualdad que no encontró su encarnación en la sociedad medieval, sociedad muy jerarquizada  y no igualitaria”[4]. Si bien es cierto que el oficio de caballero desde el punto de vista social y militar fue restringido a la élite aristocrática, en el imaginario colectivo de las personas comunes  concebían al caballero como un defensor de los oprimidos. Uno de los instrumentos que engrandece al caballero es su espada, ésta es la compañera maravillosa de todo héroe excepcional. En el caso de Arturo, su espada Excalibur por un lado, expresa al valeroso caballero con su arma mágica con la que derrota a cualquier enemigo o monstro que se le ponga enfrente, y por el otro, simboliza la cruz cristiana del rey civilizatorio de los pueblos liberados del mal. El personaje de Arturo “fue el rey trifuncional de la tradición indoeuropea, rey sagrado en su primera función, rey guerrero en su segunda, y rey civilizador en la tercera”[5].

Le Goff sostiene que la herencia de los mitos de los héroes de la Edad Media fue víctima de un olvido, de una “perdida” momentánea durante los siglos XVII y XVIII a causa del humanismo Ilustrado, quien se encargó de crear una imagen “negra” y oscurantista de la Edad Media. Por el contario, el romanticismo se encargó de rescatar la memoria del imaginario colectivo del medievo. Posteriormente hubo un tercer renacimiento del imaginario medieval y es el que se encargó de promover el cine y los comics del siglo XX.

 



[1] Le Goff Jacques, Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media, [Trad. Miguel Ángel Marcen], 2010, Barcelona, Buenos Aires, México, p.32.
[2] Ibid., p.14.
[3] Ibid., p.34.
[4] Ibid., p.31.
[5] Ibid., p.33

miércoles, 14 de marzo de 2012

Raimundo Lulio. El libro de la orden de caballería.


Raimundo Lulio o Ramón Llull (1232-1316), Filósofo, Teólogo y Poeta nacido en Mallorca, fue uno de los filósofos medievales cuya obra trascendió los límites históricos, culturales y religiosos. La obra de Lulio se deriva de su apasionado proceso de conversión, luego de la cual renuncia a su familia y dedica su vida a la conversión de los infieles, la escritura de textos en diversas lenguas, destinados a mostrar la jerarquía de la fe católica. El joven Lulio tuvo una visión de Cristo crucificado, que le hizo sentir la llamada a la conversión. A partir de entonces dedicó su vida a la misión[1].
Los especialistas coinciden en señalar que el Libro de la Orden de Caballería[2], fue escrito entre 1275 y 1276, posiblemente a petición de un Escudero próximo a ser armado Caballero; su propósito es instruir a los Caballeros en las virtudes propias de la Orden de Caballería, para que su oficio no fuera considerado mundano, sino con funciones de Caballero Cristiano, conforme a las Leyes y estilo de la Caballería de Cataluña. Es probable que en la descripción que hace Lulio en el prólogo, de un Caballero que deja la profesión de las armas para retirarse al bosque, se dibuje a sí mismo, pues él se desempeñó como Caballero hasta los 30 años de edad, en que él mismo refiere, se retira del mundo.
La idea central gira en torno a la Caballería como institución, en la que el autor precisa su importancia en la impartición de la justicia, el mantenimiento de la tranquilidad y la felicidad de las poblaciones. Identifica diversos problemas que le acontecía a la Caballería como institución; analiza la actuación de las distintas personas en función del cumplimiento o no de los principios del cristianismo, pues para él, el origen de los desordenes los atribuye al desapego a los principios de la moral cristiana. Finalmente justifica un conjunto de prescripciones a la manera con que rectamente o según Dios, un Caballero debe emplearse en sus funciones, pues los vicios y desordenes eran comunes entre los Caballeros de entonces, destacándose los actos de injusticia en sus peleas, la vanidad de sus ornatos y procedimientos, entre los más importantes. Lulio pretende que los Caballeros se ordenen en sus actos de acuerdo con los principios del cristianismo.
El libro se divide en siete partes, precedidos de un prólogo, en éste se relata el encuentro entre un antiguo Caballero ya retirado del Oficio, para vivir en el bosque, con un Escudero candidato a Caballero. El Caballero, en base al libro que ha escrito, instruye al Escudero para llegar a ser un buen Caballero, además le obsequia el libro para que este sea divulgado. Se precisan los principios de la Caballería, señalando que ante la falta de caridad, lealtad, justicia y verdad, se eligió entre los hombres al más amable, sabio, leal, fuerte, de noble ánimo, mejor trato y crianza, así como el mejor Escudero, el mejor Trotador, la mejor bestia y las mejores armas[3].
Precisa que el Oficio de Caballero fue instituido para mantener la santa fe católica, que dicho Oficio junto con el de Clérigo, se distinguen por encima del resto, puesto que por los Caballeros se mantiene la justicia, al pacificar a los hombres con la fuerza de sus armas[4]. Todo aquél Escudero que pretende ingresar en la Orden de Caballería, requiere ser examinado por otro Caballero que le advierta sobre los peligros, siendo necesario que el Escudero cuente con edad, armas y físico apropiados que aseguren un buen desempeño de su Oficio, en el proceso de elección se descartan a los carentes de virtud o viciosos. La manera como el Escudero es ordenado Caballero es a través de una ceremonia religiosa, previa confesión y ayuno, debiendo contar con amplio conocimiento de los mandamientos y sacramentos de la fe cristiana. Luego de ser armado debe montar a caballo y manifestarse así a la gente, para que sea reconocido como tal, ello en medio de un gran festín y convites.
La armas y resto de instrumentos de Caballería tienen un significado, la espada simboliza la justicia; la lanza la verdad; el yelmo la vergüenza; la coraza el castillo y la muralla contra los vicios; las calzas de hierro la seguridad; las espuelas diligencia, cautela y ansia; la gola la obediencia; la silla la seguridad de corazón; la testera del caballo la razón; las guarniciones la conservación de bienes y riquezas del Caballero. El Oficio de Caballero entraña el dominio de siete virtudes, tres teológicas (fe, esperanza y caridad) y cuatro cardenales (justicia, fortaleza, prudencia y templanza). Finalmente señala que todo noble Caballero debe ser honrado por Reyes y Señores ante el resto de los hombres, entre los propios Caballeros y por el resto de la gente, pues el Caballero debe ser amado por ser bueno, debe ser temido por ser fuerte y debe ser alabado por sus buenos hechos[5].
La figura de la personalidad masculina medieval terminó por representarse en la imagen del Caballero Cristiano, el Caballero perfecto, figura iconográfica que gozó de gran reputación en la Edad Media, no obstante no estuvieron exentos de cometer actos inmorales, que hacía necesaria la configuración de un credo caballeresco basado en la lealtad, el honor y el cultivo de las virtudes.
Fue en el marco de las Cruzadas, cuando la imagen del Caballero como soldado de Cristo revaloriza la naturaleza de la actividad bélica, sumando al Caballero una cualidad de rango espiritual de la que antes no gozaba el simple caballero[6]. El libro de la Orden de Caballería, fue una de las obras en su género más leídas y traducidas en la Edad Media, es un tratado sobre la formación moral del Caballero que pretendió precisar los principios de la Caballería y el proceso para la elección, formación, cultivo y reconocimiento del Escudero y del Caballero, todo ello en apego a la religiosidad cristiana y conforme al estilo de la Caballería de Cataluña. Se inscribe como una propuesta para solucionar los problemas de desempeño moral del Caballero, así como regular la Caballería como institución.

Bibliografía

Higuera-Rubio, José, "Introducción" en Llull, Ramón, Libro de los correlativos, [Trad., Introd., y Notas José Higuera Rubio], Trotta, Madrid, 2008, pp. 93.

Llull, Ramón, Libro de la Orden de Caballería, [Traducido al Castellano del Lemosino], Editorial Teorema, Barcelona, |985, pp. 78.

Vallejo-Naranjo, Carmen, Lo caballeresco en la iconografía cristiana medieval, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas UNAM, vol. XXX, Núm. 93, 2008, p. 33-67.



[1] Higuera-Rubio, José, "Introducción" en Llull, Ramón, Libro de los correlativos, [Trad., Introd., y Notas José Higuera Rubio], Trotta, Madrid, 2008, pp. 22-24.
[2] Llull, Ramón, Libro de la Orden de Caballería, [Traducido al Castellano del Lemosino], Editorial Teorema, Barcelona, |985, pp. 78.
[3] Ibid, pp. 9-11.
[4] Ibid, p. 30.
[5] Ibid, p. 70.
[6] Vallejo-Naranjo, Carmen, Lo caballeresco en la iconografía cristiana medieval, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas UNAM, vol. XXX, Núm. 93, 2008, p. 35.