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jueves, 17 de febrero de 2011

Tomás de Aquino: Suma contra los gentiles, cap. XIII-XXI

 

Este fragmento de la obra Contra los gentiles aborda en estos capítulos los temas referentes a probar con argumentos que Dios es, la eternidad de Dios, la afirmación de que Dios no tiene potencia y por último Dios como su propia esencia. Santo Tomás se basa en gran medida en “el filósofo”[1] para desarrollar sus conclusiones, haciendo referencia en varias ocasiones a textos como la metafísica, del alma y la física, en los que sustenta sus afirmaciones.

En el capítulo XIII, Santo Tomás inicia detalladamente su exposición sobre los argumentos y razones de que Dios es, partiendo del movimiento mediante dos vías que son: “que todo lo que se mueve es movido por otro”[2] y “si todo motor se mueve, esta proposición o es verdadera en sí o lo es sólo accidentalmente”.[3] Desarrolla ambas vías con sus varias pruebas de justificación y validez.

En la primera vía que sostiene que todo lo que se mueve es movido por otro, Santo Tomás llega a la conclusión de que es necesario que haya un motor inmóvil que mueva todo y no reciba el movimiento de otro “y a éste llamamos Dios”;[4] desglosa este argumento en dos proposiciones que a su vez tienen tres maneras o pruebas de comprobarse; la primera proposición consiste en que todo lo que se mueve es movido por otro, afirmando que si un ser se mueve a sí mismo, es absolutamente necesario que este contenga en sí el principio de su movimiento, pues de otra manera, sería movido por otro; éste que contiene al movimiento es el primer movido. La segunda prueba es denominada de inducción y dice que todo aquello que se mueve accidentalmente, no se mueve a sí mismo, pues se mueve en otro, terminando con la sentencia de que todo lo que se mueve es movido por otro; todos son movidos por quien les da el ser. Y por último dice que nada puede estar en acto y potencia al mismo tiempo, nada puede ser motor y movido, porque nada se mueve a sí mismo.

La segunda proposición de la primera vía que consiste en la imposibilidad de proceder indefinidamente en los motores y movidos, postula primeramente que si hay un proceso infinito en motores y movidos necesariamente tendrán que ser cuerpos, y que todo cuerpo que mueve, al moverse, es movido, dando como resultado que cuando uno se mueve, todos los infinitos se mueven; Santo Tomás dice respecto a esto que es imposible que los infinitos se muevan con tiempo finito y que el que mueve y lo movido deben ser simultáneos, siendo un solo móvil por continuidad. La segunda prueba dice que hay un orden en el movimiento, uno es movido por el otro y que quitando el motor primero ninguno podrá moverse, ni ser movido, “porque el primero es causa del movimiento de todos los demás”.[5] Y la última prueba argumenta que lo que se mueve “no puede mover si no hay algo que mueva como causa principal”,[6] finalizando que con estas demostraciones se justifica que “hay un primer motor inmóvil”.[7]

Respecto a la segunda vía Santo Tomás dice que si el motor no se moviera, no movería a nada más, y esto según Aristóteles es imposible, pues siempre ha habido movimiento; el primero no puede ser contingente ni accidente, “en conclusión, es necesario admitir un primero que no es movido por otro exterior”.[8] Termina diciendo que es razonable que este primer motor sea inmóvil y que además se mueva por sí mismo y no por otro, “en los que se mueven a sí mismos, una parte sea inmóvil y motora de la otra”[9], este primer motor que se mueve a sí mismo, no puede ser movido ni esencial ni accidentalmente, “el primer ser que se mueve a sí mismo muévese siempre, porque de no ser así, no habría movimiento sempiterno, ya que todo movimiento es producido por el movimiento del primer ser que se mueve a sí mismo.[10]Por encima de este primer ser, está Dios, que no es parte de ningún ser que se mueva a sí mismo, Dios es “otro motor totalmente separado; […] debe darse un primer motor separado absolutamente inmóvil, que es Dios”.[11] El primer ser se mueve por apetito de algo apetecible y lo apetecible debe ser mayor que el propio motor, esto apetecible es aquel motor absolutamente no movido. Dios es la primera causa eficiente, “es esencialmente y en sumo grado verdadero; […] se da algo en sumo grado, y a esto llamamos Dios”.[12]

Santo Tomás afirma que Dios es carente de principio y de fin y que únicamente los seres que se mueven pueden ser medidos por el “tiempo”,[13] como Dios es absolutamente inmóvil, no puede ser medido. Para Dios no hay antes ni después, ni recibe el ser del no ser, Él “tiene simultáneamente todo su ser, que es en lo que precisamente consiste la eternidad”.[14] Dios es la causa primera, no ha comenzado y no dejará de ser, es para siempre y esto lo sustenta con Aristóteles que dice que “en las causas no se puede proceder indefinidamente. Ha de admitirse un ser necesario”.[15] En cualquier ejemplo se llegará a un ser que no tenga principio.

Dios no está en potencia, “Dios esencialmente no puede no ser, por su misma naturaleza”.[16] Al ser el primer ser y la causa Dios no puede estar en potencia ya que el acto precede a la potencia, Dios es acto puro, es acto sin mezcla de potencia.

El autor termina en el capítulo XXI escribiendo que Dios es su propia esencia, quidad o naturaleza, pues en todos los seres que no son su propia esencia debe existir una composición y en Dios no hay tal composición, lo que está fuera de la esencia son los accidentes y Dios no tiene accidentes, “la esencia divina es por sí sustancia singular o individualizada en sí misma al no estar en materia alguna”,[17] Dios es su propia esencia.

Bibliografía:

Fernández, Clemente, S. I, Los Filósofos Medievales, selección de textos, “Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles”, BAC, Madrid, 1979, Tomo II, págs. 334-348.


[1] Aristóteles es por antonomasia “el filósofo”.

[2] Fernández, Clemente, Los Filósofos Medievales, selección de textos, “Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles”, BAC, Madrid, 1979, Tomo II, págs. 334-335.

[3] Ibíd., p. 338.

[4] Ibíd., p. 334.

[5] Ibíd., p. 338.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem.

[8]Ibíd., p. 340.

[9] Ibídem.

[10] Ibíd., p. 341.

[11] Ibíd., p. 342.

[12] Ibíd., p. 343.

[13] El tiempo es la medida del movimiento en Sto. Tomás de Aquino.

[14] Ibíd., p. 344.

[15] Ibíd., p. 345.

[16] Ibídem.

[17] Ibíd., p. 348.

jueves, 27 de enero de 2011

San Anselmo: Elementos Ontológicos II

En la entrada anterior sobre San Anselmo[i] se resumió el Monologio, en donde Anselmo de Canterbury da varias pruebas indirectas demostrado la existencia de Dios. En esta entrada, trataremos su siguiente obra, el Prosologio, donde el santo, insatisfecho con el Monologio, busca descubrir un argumento único y suficiente para probar la existencia de Dios con todos sus atributos. “Desde ese momento comencé a pensar si no sería posible encontrar una sola prueba que no necesitase para ser completa más que de sí misma y que demostrase que Dios existe verdaderamente.”[ii]

Este argumento, llamado ahora la prueba ontológica, está basado en la naturaleza propia de Dios, pero se requiere primero de la fe para comprender la razón, según el propio autor nos dice: “designé al primero por estas palabras: Ejemplo de meditación sobre el fundamento racional de la fe; y al segundo por éstas: La fe buscando apoyarse en la razón.”[iii] Pero acaba nombrando sus obras Monologio que quiere decir dialogo con uno mismo y Prosologio, es decir, alocución, que según el diccionario de la Real Academia Española quiere decir: “Discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos.”[iv]

Y así, nos introduce al tema con una incitación o exhortación a buscar a Dios y contemplarlo. Sugiriendo que sólo así conoceremos a Dios haciendo nosotros el esfuerzo por encontrarlo en nuestra alma. “Entra en el santuario de tu alma, apártate de todo, excepto de Dios y lo que puede ayudarte a alcanzarle.”[v] Y aún así, reconoce la propia incapacidad del hombre de encontrar a Dios por sí mismo, y necesita la iluminación divina para lograrlo: “Señor, vuelve tus ojos hacia nosotros, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Sin ti no hay para nosotros más que desdichas; [...] para llegar hasta ti, sin cuyo socorro no podemos nada. [...] Enséñame a buscarte, muéstrate al que te busca, porque no puedo buscarte si no me enseñas el camino. No puedo encontrarte si no te haces presente.”[vi] Después de estas invocaciones y de dar un reconocimiento expresando su gratitud a Dios, acaba el primer capítulo.

En el segundo capítulo comienza a describir a Dios como lo más grande, y “si este objeto por encima del cual no hay nada mayor estuviese solamente en la inteligencia, sería, sin embargo, tal que habría algo por encima de él, conclusión que no sería legítima. Existe, por consiguiente, de un modo cierto, un ser por encima del cual no se puede imaginar nada, ni en el pensamiento ni en la realidad.”[vii] Por lo tanto dice que nada más un necio podría dudar de que, como Dios es lo más grande que existe, debe existir, por que si fuera únicamente un objeto del pensamiento, el pensamiento sería mayor a Él. Y este argumento lo continúa en el tercer capítulo, sólo que lo cambia a negativo, diciendo que no se podría entonces razonar que Dios no existe. Esto por que necesariamente hay algo mayor a todo lo demás, por lo que necesariamente existe el ser mayor y así no podría dudarse de que Dios existe. Y esta inexistencia sería además una falla, que se contradice con la definición de un ser perfecto.

Después, en el cuarto capítulo, confronta el problema del pensamiento y del lenguaje. Cómo pueden ser estos los problemas que lleven al necio a pensar que Dios no existe, y porque no entiende su inexistencia, lo cual según el santo es una imposibilidad, centrándose en las palabras y no en Dios. Así, según el Prosologio: “Aquel que comprende lo que es Dios, no puede pensar que Dios no existe.”[viii]

En el capítulo quinto, expresa que Dios debe poseer todas las cualidades, por lo que posee la existencia que es mejor que la inexistencia. Y como es el ser que existe por sí mismo, entonces es el creador que crea las cosas de la nada, ya que éstas no pueden existir por sí mismas. Y al poseer todas las cualidades es, “por tanto, necesariamente justo, verdadero, feliz y todo lo que vale más que exista que no exista, porque vale más ser justo que no serlo, ser feliz que no serlo.”[ix]

De ahí, en el capítulo VI, afirma que Dios es sensible, aunque no es un cuerpo se trata de un sentido incorpóreo, debido a que es mejor sentir que no sentir, es una cualidad divina. Y es entonces el conocimiento, que nos trae el sentir equiparable a el conocimiento íntimo y profundo que tiene Dios de sus creaturas lo que se compara con este sentido incorpóreo. En el capítulo VII discute sobre si Dios es omnipotente, ya que son muchas las cosas que no puede hacer, por ejemplo mentir. Pero llega a la conclusión de que lo que no puede hacer es por que eso rebajaría la naturaleza perfecta de Dios mismo, y si hiciera cosas indignas de la divinidad, ya no sería potencia, sino impotencia. Por lo que no puede hacer Dios deriva de el ser o el no ser y cómo es mejor el ser. De esto que Dios no puede no ser y no puede rebajar su ser, entonces “Eres [Dios] verdaderamente omnipotente, en el sentido de que no puedes nada en lo que es fruto de la impotencia y de que nada prevalece contra ti.”[x]

Luego, se salta al capítulo catorce, donde pregunta a su alma si ya encontró al Dios que buscaba. Y aquí responde a como Dios se le ve o comprende, pero a la vez ni se le ve ni se le comprende. Dice San Anselmo respecto a su conocimiento de Dios que llegó a conocer algo de Él, y por Dios mismo fue que lo encontró, pero no tal como es en sí mismo; porque la verdad divina es inmensa y no puede la criatura entenderla toda. “Busca ver más de lo que ha visto, pero no ve nada más de lo que ha visto [...] no puede ver más a causa de sus propias tinieblas. [...] Su corto alcance la ciega, se pierde en tu inmensidad.”[xi]

Seguimos con el capítulo XXII en el que Anselmo de Canterbury retoma lo dicho anteriormente, que Dios es, es lo que es y es el que es, siempre igual, que se identifica con todas las perfecciones sin dejar de ser el bien único y sumo. “Tú solo eres lo qué eres y el que eres [...] Tú existes verdadera y simplemente porque no tienes pasado ni futuro, sino únicamente un presente, y no se puede suponer un momento en que no existas.”[xii]

Acaba San Anselmo con una oración o aclamación a Dios en el capítulo XXVI, dando gracias a Dios por la verdad revelada y por las promesas de Jesucristo. Para Anselmo de Aosta, el alma, y más específicamente su alma, no puede abarcar esa plenitud de gozo que excede todas sus posibilidades, que no puede ser comprendida, pero se gratifica en ese gozo infinito, plenitud de amor y de conocimiento que Dios le concede. San Anselmo no puede conseguir todo el conocimiento, amor y gozo en este mundo, pero pide a Dios recibirlo algún día, después de una vida que no sea más que un anhelo permanente y total de ello.

Se ve claramente una concepción teocéntrica de el hombre, donde Dios abarca todo el pensamiento y es la fuente de todo bien, toda felicidad y todo lo creado. Así el hombre sólo debe seguir buscando a Dios para que ese se le revele y le muestre la felicidad y el gozo inmenso y eterno. El fin del hombre es entonces tanto la contemplación de Dios como la unión con Él. Y esto únicamente lo puede hacer Dios, el hombre no lo puede lograr con sus fuerzas. Y por lo tanto, se nota en este escrito que el ser por excelencia es Dios y es el creador de todos los seres, es uno y es mayor a todo lo demás, perfecto en todos sentidos. Sin embargo, no habla en este artículo ni de la sociedad ni de la política, ya que es un planteamiento sobre la existencia de Dios y como se puede comprobar por medio de la razón.

BIBLIOFRAFÍA

Alamena, J., Obras completas de San Anselmo I: Monologio ..., BAC, Madrid, 1952 cit.pos. Fernández, Clemente, Los Filósofos Medievales II, BAC, Madrid, 1979

DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición, en http://buscon.rae.es/draeI/, Real Academia Española, 2001



[ii] Fernández, Op. Cit., pág. 66

[iii] idem, pág. 67

[iv] DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición, “alocución”, en http://buscon.rae.es/draeI/, Real Academia Española, 2001

[v] Fernández, Op. Cit., pág. 67

[vi] Idem, pág. 69

[vii] Idem, pág. 72

[viii] Idem, pág. 73

[ix] Idem, pág. 74

[x] Idem, pág. 75

[xi] Idem, pág. 77

[xii] Idem, pág. 78

jueves, 20 de enero de 2011

San Anselmo: Elementos Ontológicos I

La obra del Monologio de San Anselmo de Aosta, también llamado de Canterbury por haber sido arzobispo allí de 1093 hasta su muerte en 1109 es junto con Prosologio las obras principales de este santo, según Hansjürgen Verweyen. Este autor comenta que la prueba ontológica de la existencia de Dios que el santo presenta por primera vez en Prosologio, es uno de los argumentos más discutidos de la historia, y que los argumentos de la existencia de Dios plasmados en Monologio, son una suma muy completa de la teología, hasta ese momento.[i] “Anselmo nació el 1033 en Aosta del Piamonte. Entró en el monasterio de Bec, en Normandía, y llegó a ser el prior en el 1063, y abad en el 1078. La mayor parte de sus obras son el resultado de las discusiones que dirigía en el monasterio.”[ii]

En el Monologio, San Anselmo, comienza por explicar en un prólogo la intención de su obra, habiendo sido escrita para sus hermanos y no para la divulgación, como ocurrió ya desde su tiempo. También en éste razona sobre la validez de sus argumentos, atribuyéndolos en su mayoría a San Agustín y los demás a los padres griegos, haciendo esto para cubrirse de la persecución por parte de algún contrincante o de ser acusado de hereje por la Iglesia, como puede verse en el siguiente pasaje: “no he hallado en él [Monologio] nada que no se ajuste rigurosamente a los escritos de los Santos Padres, y principalmente a San Agustín [...] [para] que no me trate en seguida como innovador o apóstol de la mentira.”[iii]

Y así, después del breve prólogo, Anselmo de Aosta comienza con varios argumentos, que él cree que podrán convencer incluso a un no creyente. Empieza con la búsqueda del hombre de lo bueno o de lo que juzga bondadoso. De ahí que, Dios es el que provee o del que procede esta bondad como necesariamente existe un Ser del que ésta se desprenda y ese Ser es por deducción Dios, cosa que deja entre líneas. “¿Quién puede dudar que aquello por lo cual todo es bueno no sea un gran bien?”[iv] Y de aquí desprende su siguiente argumento sobre la grandeza de ese Ser. Siendo que engloba toda la bondad es por lo tanto soberanamente grande, que no solo quiere decir inmenso, sino más bueno, digno y sabio.

Su siguiente argumento parte de las causas, similar a la causa incausada de Aristóteles y retomada por San Agustín, demostrando una causa única y que solamente ella existe por sí misma. También demuestra que las demás cosas son menores a ésta, debido a que no puede ser producto una causa menor de algo mayor a ella misma. Así siendo la causa de todo, la causa creadora u originaria, mayor a todo, debe ser también perfecta y, por lo tanto, esa causa es Dios, aunque esto no lo expresa directamente.

Después, sigue considerando la nobleza de las cosas y al ver que hay cosas más nobles que las otras, discurre que debe haber una cosa que sea la más noble, y ésta debe de ser de una naturaleza única y superior a todas: “Existe, pues, una sola naturaleza, substancia o esencia, que es buena y grande por sí misma, que saca su existencia de su propio seno, y de la cual emanan verdaderamente la bondad, la grandeza, la existencia, que por consiguiente es la soberana bondad y grandeza, el ser y la substancia por excelencia; en una palabra, el principio superior a todo”[v] Por lo tanto, dice que esta naturaleza, pertenece a sí misma y lo demás también es de ella.

Continúa exponiendo su posición sobre la nada, o sea dice que: la nada, o no existe por que debe ser algo, o no puede crear algo, por que algo no puede salir de la nada.

Su último argumento sobre lo que es esa naturaleza, que claramente se identifica con Dios, es negativo, o sea, qué no es, diciendo que no es algo que pueda expresarse con palabras. Esta substancia o esencia no es relativa a nada, incluso como suprema, ya que va mucho más allá de cualquier relación que le querramos atribuir, y siempre estará por encima de lo mejor siendo positiva en todos los aspectos. “No se puede, por tanto, decir jamás que la esencia suprema sea uno de esos seres por encima de los cuales hay algo que no son ellos [...] Por lo cual, es necesario que sea viva, sabia, omnipotente, verdadera, justa feliz, eterna”[vi]

Las cosas, según Anselmo de Canterbury, son mejores u ocupan un lugar jerárquico mayor en cuanto se asemejan más entonces al Verbo, que es la “verdad de la esencia”, y de éstas por el árbol de Porfirio, el hombre es la que más se parece ya que tiene todo lo positivo, que es mejor que lo negativo (v.g.: animado v.s. inanimado, sensible v.s. insensible, racional v.s. irracional) y por lo tanto, aunque no se le puede comparar, el hombre es la creatura hecha a su imagen y semejanza, y por lo tanto la más perfecta de toda la creación.

Acaba San Anselmo viendo la relación de el hombre, ser racional, con Dios, suprema esencia. Primero hablando de la ciencia del hombre que no llega a conocer a Dios y que es por lo tanto una verdad revelada. Que Dios, siendo la sabiduría y la verdad, nos transmite o infunde parte de su esencia para poder conocerlo. Es entonces por el alma que Dios se nos revela, "puede, por tanto, considerarse al alma como un espejo creado para sí mismo, en el que debe ver, por decirlo así, la imagen del ser que no puede ver cara a cara."[vii]

Esta creatura racional, con alma, está creada para amar al creador, la esencia suprema, y así logra vivir verdadera y felizmente por la eternidad. Esto debido a que el Creador, siendo amado y siendo toda bondad, no puede aniquilar al ser amado. Y de la misma manera, aquél que ama a su Creador, no puede vivir infeliz, ya que está amando al ser que es omnipotente y es bondad pura.

Los argumentos de Anselmo de Aosta, aunque muy claros y bien formulados, pueden sufrir varias críticas, como que ya sabe a que conclusiones debe de llegar y a esto adecua sus argumentos. Y sin embargo San Anselmo busca la verdad y esa verdad es para él Dios. Y sus argumentos, más que para tratar de convencer a un incrédulo, cosa que pueden lograr, son más bien para darnos una forma de conocer a Dios, de relacionarnos mejor con Él.

BIBLIOGRAFÍA

Abbagnano, Nicolas, Historia de la Filosofía, Vol I, 4ta ed., Barcelona, Ed. Hora, 1994

Alamena, J., Obras completas de San Anselmo I: Monologio ..., BAC, Madrid, 1952 cit.pos. Fernandez, Clemente, Los Filosofos Medievales II, BAC, Madrid, 1979

Verweyen, Hansjürgen, El «Monologion» de Anselmo. Lineas Fundamentales de un Sistema de Filosofía Transcendental, Universidad de Navarra, Navarra, Via google.



[i] Cfr. Verweyen, Op. Cit., pág. 107-126

[ii] Abbagnano, Op.Cit., pp. 328-329

[iii] Fernández, Op. Cit., pág. 46

[iv] Idem, pág. 49

[v] Idem, pág. 52

[vi] Idem, pág. 58

[vii] Idem, pág. 63

miércoles, 19 de enero de 2011

Síntesis y análisis del libro Contra Eunomio de Basilio, el ser de Dios

En el presente texto se expondrá a grandes rasgos la vida y obra de Basilio, como también se dedicarán algunas líneas para explicar algunos puntos del pensamiento filosófico que se presenta en el libro de Basilio que lleva por título Contra Eunomio.

Basilio es uno de los padres de la Iglesia del grupo llamado grandes capadocios, es parte de este grupo por tener las siguientes características: por ser procedente de Capadocia, región oriental del Asia menor, por ser miembro de una familia rica que le facilitó una gran formación intelectual, y por ser parte de una época en la que el cristianismo ya había sido reconocido oficialmente. Nació en Capadocia y fue obispo de la misma ciudad desde el 370, fue amigo de Gregorio Nacianceno. Basilio es uno de los pioneros que relacionó la filosofía o el saber pagano con el cristianismo, “no rechazó el saber pagano, pero advirtió que debía estar enteramente impregnado por el espíritu cristiano si se quería que fuera útil para la formación del hombre”.1 Basilio escribió Contra Eunomio utilizando algunos argumentos filosóficos relacionados con la naturaleza de Dios, al misterio de la Trinidad y a la forma del cosmos.

Para entender mejor el pensamiento de Basilio es necesario conocer algunos de los errores de Eumonio, pues Eumonio se interesaba y se afanaba por investigar la esencia se las cosas que no tenían relevancia, de los objetos inconsistentes, también por no exponer la naturaleza del ser de Dios con veracidad. Eunomio cae en un nominalismo al decir que las cosas se pueden reducir únicamente a pura pronunciación, esta cuestión lo lleva a errar en las bases de su propio pensamiento. Eudomio atemoriza a la gente sencilla al decirles que no ofrecen nada a Dios si no afirman que la ingeneración es la sustancia y esencia de Dios. Eunomio no sólo denomina como sustanciales o esenciales las características que le da a Dios en su categoría de ser, sino que obliga a la gente sencilla a creer estos accidentes o características superfluas, pues los amenaza de provocar la ira de Dios si no creen en estas afirmaciones de carácter accidental que él hace con relación al ser de Dios.

En el plano ontológico destaca notablemente la figura del ser de Dios, pues una problemática latente en la mayor parte del texto, es la que gira en torno a la procedencia y a la esencia de Dios mismo. Las definiciones o características que se le pueden dar al ser de Dios son sólo para que se entienda lo accidental de lo que es Dios, o en su defecto lo que no es Dios, “de esos nombres que se dicen de Dios, unos enuncian lo que es Dios, otros lo que no es”,2 más al dar las sentencias del ser de Dios se ha de tener cuidado en hacer sentencias indignas de su mismo ser, dice Basilio que “no hay ningún hombre que sea capaz de abarcar toda la naturaleza de Dios y de declararla suficientemente”.3

El problema que se plantea Basilio gira en torno a los accidentes y a las esencias, expone el caso de los accidentes del ser de Dios como características que otro ser inferior a Dios también puede llegar a tener, pues dice que “la sustancia no está entre esas cosas que no se hallan en Dios, sino que es el ser mismo de Dios”,4 no haciendo absoluta una característica accidental del ser de Dios por que se limitaría su mismo ser. Se puede decir que la bondad es una característica accidental de Dios, que también puede aparecer en otro ser inferior a Dios, pues “en el caso de Dios la razón de la esencia es común, como la bondad, la divinidad, o cualquiera otra denominación parecida; en cambio la hipóstasis5 aparece en la propiedad de la paternidad, o de la filiación”.6

Basilio trata poco el tema de la Trinidad con un enfoque cuantificacional, afirmando que “todo lo que es uno numéricamente no es uno en la naturaleza”,7 por que Dios no es uno numéricamente, sino uno en la naturaleza. respondiendo a la herejía innominada que no acepta las hipóstasis y rechaza el nombre del hijo de Dios.

En el plano epistemológico Basilio plantea que el conocimiento de la esencia de las cosas perceptibles a los sentidos se puede lograr después de un cierto trabajo de reflexión “las cosas que se dicen según esa manera de pensar, como consiste más que en palabras y en la pronunciación, se pierden o no disuelven a una con las palabras”,8 esto es por que el hombre puede buscar una forma de conocimiento más alto que el sólo sensible o nominal, un conocimiento mayor a el conocimiento que se adquiere por la capacidad intelectiva del hombre, no reduciéndose únicamente al conocimiento empírico, pues unas “cuantas cosas son conocidas por la sensación y presentan diversos aspectos inteligibles”,9 tal puede ser el caso del conocimiento de Dios.

La aportación de este texto en el plano antropológico es muy pobre pues sólo hace mención de la dualidad y unicidad del hombre, pues Basilio escribe que: “uno numéricamente al hombre; lo llamamos de hecho muchas veces uno, pero no es un ser simple, ya que consta de alma y cuerpo”.10 Por lo que se es posible hablar de que el hombre tiene también una esencia unitaria, con ciertas características esenciales, pues “cada persona existe en una verdadera hipóstasis”,11 y no únicamente en accidentes o características superfluas.

Debido a la brevedad de este libro y a su fuerte enfoque al problema del conocer el ser de Dios, resulta difícil encontrar aportaciones a la ética, al pensamiento social y al pensamiento político.


Bibliografía:

San Basilio,"Contra Eunomio" en Fernández, Clemente, Los Filósofos Medievales Selección de Textos, t. I, BAC, Madrid, 1979, pp. 98-105

Ferrater, Mora, José, “Basilio”, en Diccionario de Filosofía, t. I, Barcelona, Ariel, 2001, 957 pp.

Diccionario de filosofía, CD-ROM, Herder, 1996., Barcelona

1José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, t. I, Barcelona, Ariel, 2001, p. 321

2 Fernández Clemente, Los filósofos medievales, t. I, BAC, Madrid 1979, p. 102

3Ibidem, p. 102

4Ibidem, p. 103

5Sustancia en Diccionario de filosofía, CD-ROM, Herder, 1996, Barcelona

6Ibidem, p. 105

7Ibidem, p. 104

8Ibidem, p. 99

9Ibidem, p. 100

10Ibidem, p. 104

11Ibidem, p. 104