Blog universitario de estudios sobre filosofía y cultura en la Antigüedad tardía, Edad Media y Renacimiento
lunes, 17 de junio de 2013
Sermones del Maestro Eckhart
miércoles, 7 de marzo de 2012
Algunos elementos sobresalientes de los diálogos de Giordano Bruno: sobre la causa, principio y Uno.
A continuación presento el cuarto diálogo caracterizado por ser demasiado breve y que corresponde a lo enunciado en Sobre la causa, principio y Uno trámite en el cual Teófilo intenta convencer a quienes le escuchan, que en las cosas incorpóreas se puede encontrar el concepto de una misma materia, sin embargo, para que sea más claro lo aquí tratado veamos qué es lo que Teófilo pretende y cómo logran entenderlo Dicsono y Gervasio con quienes sostiene su propuesta, Teófilo trata de explicar de manera concisa que la materia es acto, yendo aún más allá al pretende demostrar que la materia en las cosas incorpóreas coincidan con el acto, teniendo en cuenta que logra distinguir entre cosas corpóreas e incorpóreas.
Así a una potencia activa común a las cosas incorpóreas, o bien a un ser corpóreo e incorpóreo, corresponde una potencia pasiva, tanto corpórea como incorpórea, y un poder ser, asimismo tanto corpóreo como incorpóreo.[1]
Con la cita anterior Teófilo pretende demostrar la segunda aseveración de la cual ya he hecho mención y que consiste en aclarar la materia o lo mismo la posibilidad de ser, tanto en las cosas incorpóreas como en las corpóreas.
Por otro lado tenemos el Quinto diálogo que a semejanza del anterior, es también bastante breve, en términos generales durante este diálogo se presenta la explicación de lo Uno, entendido en el sentido en el que el universo siendo infinito e inmóvil, es también indefinible, incomprendido, no engendrado, etc. Por el hecho de comprender en su propio ser todas las contrariedades en unidad y armonía, en este diálogo se llega a la definición del universo por medio de lo que no es.
No se contiene así mismo, porque no es mayor que sí mismo. No está (contenido en sí mismo), porque no es menor que sí mismo… Es término de tal suerte que no es término y forma, de manera que no es forma y materia, de modo que no es materia, y alma, de suerte que no es alma, porque es indistintamente del todo, y por ello, uno; el Universo es uno…[2]
Además este universo, aclara el texto, no tolera la multiplicidad de seres por lo que el Universo es, una vez más, uno (e) inmóvil[3] bajo la justificación de que todo está bajo una proporción y semejanza, en ese sentido no hay distinción entre cada una de las cosas que se encuentran dentro del universo, entonces podemos decir que lo indivisible no es distinto de lo divisible, lo simplísimo, de lo infinito; el centro de la circunferencia. Y así el universo es todo el centro y siendo así está en todas partes. Con todo esto en este discurso se asevera que las cosas no cambian a otro ser, como se puede percatar, sino que el cambio que se produce en las cosas es a otro modo de ser:
En el uno infinito, inmóvil que es la sustancia, que es el ser si se da la multiplicidad, el número que por ser modo y multiformidad del ser, origina la denominación de cada cosa, no por eso hace que el ente sea más que uno, sino que es de muchos modos, formas y figuras.[4]
Luego entonces, como se afirma más adelante del texto, todo lo que difiera o constituya diversidad, alteración o cambio no es ente, no es ser, sino condición y circunstancia de ente y de ser.[5]
Finalmente se presenta el Infinito, el universo y los mundos que es más bien una continuación del mismo diálogo, básicamente es la descripción de cómo el universo siendo infinito e inmóvil, es capaz de crear movimiento en su interior, es decir en su propia alma, a la par de contener en sí mismo objetos inmóviles, como son los astros. Y es infinito por carecer de márgenes y superficies que lo limiten.[6]
Por último el texto nos presenta la explicación sobre la triada opuesta que continuan especificando lo qué es la unidad explicado del modo siguiente
…como si en un mismo sujeto se da el ser fuente, rio y mar, por la misma cuantidad y por la misma forma, pues es la fuente de la cual fluye. El rio es rio que a la vez es fuente, es rio y fuente que a la vez es mar o lago…
Dicha aseveración se manifiesta explicada en treinta condiciones que se especifican en una esfera infinita debido a su estructura en la cual todos sus puntos son igualmente equidistantes a su centro, en este aspecto podemos hablar del ente en acto a todo lo que puede existir retomando el ejemplo de la cita anterior donde en el mismo se dan tres potencias y tres actos,[7] para la esfera serán el centro, el diámetro, la circunferencia y la totalidad de todas sus dimensiones, es la expresión de la unidad absoluta donde todas las cosas son una debido a esta unidad, en este sentido el ente es principio, medio y fin. Es principio de todas las cosas, es la causa eficiente de todo, es el fin de todas las cosas; forma de las formas, causa eficiente de las causas eficientes, fin infinito.
Bibliografía
Fernández Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, BAC, 1990, pp. 359-380
miércoles, 29 de febrero de 2012
Pico de la Mirandola, tratado sobre el uno y el ente
Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, Editorial BAC, 56, pp. 92
[1] Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, Editorial BAC, pág.71.
[2] Ibidem,pág, 73.
[3] Ibidem, pág, 77.
[4] Ibidem, pág, 90.
jueves, 10 de marzo de 2011
Pico de la Mirándola, Sobre el ente y el uno
En el presente texto se expondrá de manera breve algunos datos de notoria importancia relacionados con la vida de Pico de la Mirándola. A pesar del gran aporte humanístico de dicho autor es importante destacar su inclinación por describir ciertos atributos del ser de Dios, tema fructífero y de gran polémica dentro de la edad media. Además de hablar sobre aspectos concretos de la vida de Pico de la Mirandola se mencionarán de sobria manera ciertos puntos sobresalientes en su obra Sobre el ente y el uno.
Juan Pico de la Mirándola “hombre de prodigiosa memoria, y cuyo platonismo enlaza con la cábala y desemboca en la magia”,1 humanista italiano, nacido en Mirandola, Módena. Estudió derecho en Bolonia, y filosofía en Padua, donde conoció el aristotelismo y el averroísmo. Marcha a París a profundizar su filosofía y, hacia 1486, compone 900 tesis, tesis inspiradas en la filosofía, la cábala2 y la teología, que pretende defender públicamente en Roma y en las que funda doctrinas aristotélicas, platónicas, escolásticas, cabalísticas y herméticas. El Papa Inocencio VIII halla siete de ellas condenables y otras dudosas, y prohíbe su exposición pública; la Apología que de ellas hace Pico obliga al Papa a prohibirlas todas; Pico es arrestado en Lyon y encarcelado en Vincennes como hereje en 1488 pero, perdonado y liberado por Carlos VIII, por intercesión de Lorenzo de Médicis, vuelve a Florencia y colabora en la Academia Florentina con Ficino. El papa Alejandro VI le concede el perdón en 1493.3
Pico de la Mirándola en su libro Sobre el ente y el uno inicia con una oposición al pensamiento de los platónicos cuya argumentación relacionada con el ente y el uno está basada en la posibilidad de la superioridad del uno sobre el ente, porque explican [los platónicos] que el uno puede ser asociado con el principio material de todas las cosas y proponen la informidad del uno al afirmar que “es uno, pero que no es ente, e igualmente ponen en el ámbito de lo uno a la materia primera, esa materia basta e informe de todas las cosas, pero la excluyen del ámbito ente”.4 Y debido a que el ente y el uno son diferentes en atributos característicos, también son diferentes en sus opuestos, porque lo opuesto del ente es la nada, y el opuesto del uno es la multiplicidad según los platónicos.
En cuanto al ente se refiere, Pico de la Mirándola argumenta que no hay nada más común que el ente, porque el ente puede ser relacionado con la composición de todas las cosas refiriéndose a lo material y por lo tanto a lo limitado. Dicho autor no niega la posibilidad de que exista algo superior al ente, porque menciona que “Dios no es ente, sino super-ente, y que hay algo superior al ente, a saber: Dios; y como se le da el apelativo de Uno, se sigue que tendremos que reconocer que el Uno está sobre el ente”.5 Ningún ente puede ser mayor al Ser que lo ha creado a pesar que el Ser superior no sea de la misma naturaleza del ente, pues Dios es el origen de todos los entes y por consiguiente más que cualquier ente.
Dentro del plano epistemológico el hombre tiene la capacidad de conocer determinados atributos de Dios pero la capacidad del hombre sigue teniendo fuertes limitaciones que van en torno al conocimiento sensible pues “éste no es imperfecto tan sólo por ser únicamente conocimiento y no apetición, sino también por ser un conocimiento imperfecto, tanto porque necesita de órgano tosco y corporal como porque no alcanza más que a lo superficial de las cosas, sin llegar a lo íntimo de ellas, a su sustancia”.6 El conocimiento humano no sólo es sensible sino también lógico, pero de igual forma queda limitado para poder llegar al ser de las cosas y con mayor razón queda limitado para llegar al ser de Dios.
En el mismo plano del conocimiento de Dios, el autor muestra la importancia de los nombres en relación con el ser, el conocimiento de las cosas y por ende, para el conocimiento de Dios. Porque ahora se ve el hombre en la incapacidad de nombrar el ser de Dios, y para lograr conocer la verdad de Dios es necesario que el hombre salga de la luz de la razón para entrar en la tiniebla en la que se encuentra el ser de Dios, porque parece que la misma razón está limitada por su propio conocimiento al intentar comparar a Dios con atributos parecidos a los atributos que se le dan a los entes comunes. Porque “mientras entendamos y comprendamos lo que se dice de Dios, nos movemos en la luz, y tanto menores cosas decimos y sentimos de Dios cuanto menor es la capacidad de nuestra inteligencia que su infinita divinidad”,7 es necesario ser iluminado por la luz de la ignorancia para conocer el verdadero ser de Dios que no puede ser reducido simplemente a verdad, reino, sabiduría, ni uno, ni unidad, ni deidad, ni bondad, ni espíritu. Es el momento de empezar a subir los cuatro escalones para llegar a la tiniebla del conocer.
El primer escalón para llegar a dicha tiniebla es saber que Dios no es cuerpo, ni forma del cuerpo, pero si es el alma del cielo o del universo; en el segundo escalón se muestra que “lo que pocos llegan a saber y en lo que nosotros corremos más peligro de errar a poco que nos desviemos de la recta inteligencia, a saber: que Dios ni es vida, ni entendimiento, ni inteligible, sino algo mejor y más excelente que todas esas cosas, ya que todos esos nombres significan una perfección particular, ninguna tal hay en Dios,8 pero es más posible y loable llegar a amar a Dios con mayor capacidad que llegar a conocerlo, y en la situación de amar a Dios más que conocerlo el hombre encuentra la posibilidad de llegar a una cierta plenitud o felicidad. En el tercer escalón se puede encontrar la tentación de verse iluminado por alguna luz o razón mayor que se tenía antes de empezar a subir los escalones del conocimiento de Dios y esto lleva a imaginar a Dios como un ser impío y limitado relacionándolo con un cuerpo humano, pues es como si se le limitase al alma a ser cuerpo. Y en el último escalón se llega a la conclusión de que “Dios no sólo es, como dice Anselmo, el ser por encima del cual nada se puede pensar, sino que es aquello que es infinitamente mayor que todo aquello que se puede imaginar”.9
Los platónicos ven a la materia prima como una, porque según Platón la multitud no necesariamente se opone al uno de la materia en la misma forma que el no-ente se opone al ente. Los atributos que se le pueden dar a todas las cosas son: ente, uno, verdadero y bueno. Porque sólo se le puede decir al hombre imagen verdadera si es conforme a su creador, pues las criaturas si tienden hacia su creador como su fin último, se les llama buenas, pues todas las cosas desean el bien. “En el ser de las cosas podemos admirar la potencia de Dios que las produce, en la verdad venerar la sabiduría del artífice, en su bondad corresponder con amor a la libertad del amante, en la unidad percatarnos de la simplicidad, por decirlo así, única del Creador, la cual unió todas las cosas a sí, y entre ellas mutuamente, llamándolas a cada una al amor de sí mismas, de los otros y, en fin, de Dios”.10
Por lo que se llega a la conclusión de que Pico de la Mirándola en su obra Sobre el ente y el uno explica algunos posibles atributos que se le pueden dar al ser de Dios relacionados con el ser y la esencia de los entes materiales. Parte del mundo real para llegar al conocimiento de Dios cruzando por la luz de la ignorancia o tiniebla de la razón para terminar con la siguiente argumentación relacionada con los posibles apelativos que se le dan al ser de Dios, “primero será uno, ya que se le concede en sí mismo antes de concebírsele como causa. Después será bueno; en tercer lugar, verdadero, y en cuarto ente”.11
Bibliografía
Gonzalez Angel, Historia de la filosofía en cuadros esquemáticos, 4º ed., ESPESA, Madrid, 1953, 152 pp.
“Pico de la Mirándola”, en Clemente Fernández, Los filósofos del renacimiento, Selección de textos, BAC, Madrid, 1900 pp. 68-93.
1Gonzalez Angel, Historia de la filosofía en cuadros esquemáticos, 4º ed., ESPESA, Madrid, 1953, p. 87.
2 Conjunto de doctrinas teosóficas basadas en la Sagrada Escritura, que, a través de un método esotérico de interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretendía revelar a los iniciados doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo. Diccionario de la lengua española 22º ed.
3Cfr. Herder, Diccionario en CD-ROM
4Pico de la Mirándola, “Sobre el ente y el uno”, en Clemente Fernández, Filósofos del renacimiento, BAC, Madrid, 1900, p. 68
5Ibidem, p.75
6Ibidem, p.77
7Ibidem, p. 80
8Ibidem, p.81
9Ibidem, p.83
10Ibidem, p. 88
11Ibidem, p. 90


