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lunes, 17 de junio de 2013

Sermones del Maestro Eckhart

Eckhart, Maestro

Dios y yo somos uno



Este es otro de los sermones del Maestro, y lo inicia hablando de los que  tendrán su recompensa junto a Dios, es decir de los justos. ¿Justos?, ¿quiénes son los justos?, como en cada sermón, el Maestro Eckhart antes de adentrarse en el tema, nos detallará qué se entiende en cada caso. Los justos, son los que le dan a cada quien lo que es suyo, no importando a quien, sea superior, semejante o inferior, eso no debe importar ni incidir para ser justos. Sin embargo, surge la duda, ¿qué podemos darle a Dios?, parece muy difícil saberlo pues no olvidemos que no se trata de ser mercaderes, que ofrecen trueques a Dios haciendo sacrificios a cambio de algo; entonces ¿qué se le puede dar a Dios en la vida eterna, que sea suyo y que provenga de nosotros? Esto parece más difícil aún, ya no es sólo cuestión de darle algo sin ser mercaderes; no obstante puede parecer aún más difícil de lo que ya parecía, porque incluye darle también a ángeles, santos y hasta a quienes están en el purgatorio. Parece que entramos en un laberinto que se complica cada vez que avanzamos, ¿cómo podríamos darles lo suyo a quienes no están en esta vida sino en la vida eterna? Y todo ello, sin dejar de favorecer a los que aún viven, como vivimos nosotros. La respuesta a todas estas preguntas es más sencilla de lo que pudimos creer, simplemente se trata de darles alegría mediante obras buenas, ello les causa gran felicidad y proviene de nosotros, de los justos. Los ángeles, los santos, los del purgatorio;

“aman a Dios sin medida y lo aman tan bien que les es más caro su honor que su bienaventuranza. Y no sólo los ángeles y los santos, sino incluso el mismo Dios siente una gran alegría, como si se tratara de su bienaventuranza y su ser, así como si su felicidad y su bienestar dependieran de todo ello.”[1]


Sin embargo, no son los únicos que son justos. También son justos aquellos que aceptan la voluntad de Dios, sea ésta la que sea; es común que los creyentes pidan que se haga la voluntad de Dios,  sin embargo pensando en su propia voluntad, por ello no les es fácil aceptar la voluntad de Dios, porque dentro de sí esperaban otra cosa. Eso no es ser justos, no están dispuestos a aceptar la voluntad de Dios, le ponen sus condiciones y catalogan si así era lo que les convenía; ser justos es cuando realmente aceptas la voluntad de Dios, sin pedir, sin reprochar, sin sentir nada por lo que él quiere para ti, por ejemplo, si quiere que sufras una desgracia de tal magnitud que creas que no puedes con ello, no deberás cuestionar, ni reprochar, ni hacer, ni decir, ni pensar nada, únicamente deberás aceptar que es la voluntad de Dios. No importa cuán delicado sea lo que nos toque vivir, siempre que sea la voluntad de Dios debemos recibirlo, los justos no tienen voluntad; “se mantienen tan firmes en la justicia y tan extraños a sí mismos que no les importan ni las penas del infierno, ni la alegría del reino de los cielos o cualquier otra cosa.”[2]

Ser justos va más allá de dar a cada quien lo suyo, es más que aceptar la voluntad de Dios, es semejante a lo que conocemos en filosofía como ataraxia, esa imperturbabilidad de sentimientos y emociones, porque advierte Eckhart que no es justo aquel que se siente feliz o preocupado, porque de estar feliz para ser justo debería estar siempre feliz, o de estar preocupado, debería estarlo siempre, más preciso aún, “si en un momento está alegre, debe estarlo siempre, pero si está más alegre unas veces que otras, en eso es injusto Quien ama la justicia se mantiene tan firme sobre ella que ama su ser; nada puede sacarlo de ahí y ya no se ocupa en nada más.”[3]




Retomando las palabras del Evangelio con las que dio inicio a este sermón, dice que los justos, de los cuales hemos explicado quienes son, vivirán junto a Dios. ¿Qué puede ser más grato para un creyente que una vida eterna junto a Dios?, absolutamente nada, esto es por lo que viven y creen, toda su fe está dirigida a tener una vida eterna junta a Nuestro Señor. Pero ¿a qué se refiere exactamente la frase cuando dice junto a Dios?, de primera instancia podríamos entender que se trata de estar con él, sin embargo es más alentador que eso, es ser semejante a Dios; no ser ni más ni menos que él. Vivir junto a Dios quiere decir en primer lugar que nuestra alma estará en la vida eterna y en segundo lugar que será igual a Nuestro Señor, un alma vacía, libre y virgen, no tiene ni imagen ni forma al igual que Dios, “no sólo ella está junto a él y él junto a ella, por igual, sino que él está en ella; y el Padre engendra a su Hijo en el alma de la misma manera en que él la engendra en la eternidad y no de otra manera.”[4] Nuestro Señor engendra a su hijo en cuanto a él, yo soy engendrado en cuanto a su hijo y si su hijo es engendrado en cuanto a él y yo en cuanto a su hijo, por lo tanto Dios me engendra en cuanto a él; Dios y yo somos uno.

Alguna vez escuché a un padre de x iglesia decir que Nuestro Señor es supremo y que para ser dignos de él deben hacer tal o cual cosa, supongo que eso cambia de acuerdo a las necesidades de cada religión, templo o hasta del padre; para el caso es igual; se pide a los creyentes ciertos sacrificios, es decir se les pide ser mercaderes para ser merecedores de la gracia de Dios, llegando a decir hasta ser uno de los elegidos de Dios como si se tratase de un certamen de belleza o algo por el estilo. El Maestro Eckhart, es muy puntual al respecto en los tres sermones que abordamos; nuestras almas son el templo donde Dios resplandece, son semejantes a él, tendrán una vida eterna y serán uno con Dios.





Bibliografía


Eckhart, Maestro., El fruto de la nada y otros escritos, [Edición y traducción de Amador Vega Esquerra] Madrid, Ediciones Siruela, 1998, 232p.




[1] Eckhart, Maestro., El fruto de la nada y otros escritos, [Edición y traducción de Amador Vega Esquerra] Madrid, Ediciones Siruela, 1998, pp. 51-52.
[2] Íbid, p. 52.
[3] Íbid, p. 53.
[4] Íbid, p. 54.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Algunos elementos sobresalientes de los diálogos de Giordano Bruno: sobre la causa, principio y Uno.



A continuación presento el cuarto diálogo caracterizado por ser demasiado breve y que corresponde a lo enunciado en Sobre la causa, principio y Uno trámite en el cual Teófilo intenta convencer a quienes le escuchan, que en las cosas incorpóreas se puede encontrar el concepto de una misma materia, sin embargo, para que sea más claro lo aquí tratado veamos qué es lo que Teófilo pretende y cómo logran entenderlo Dicsono y Gervasio con quienes sostiene su propuesta, Teófilo trata de explicar de manera concisa que la materia es acto, yendo aún más allá al pretende demostrar que la materia en las cosas incorpóreas coincidan con el acto, teniendo en cuenta que logra distinguir entre cosas corpóreas e incorpóreas.

Así a una potencia activa común a las cosas incorpóreas, o bien a un ser corpóreo e incorpóreo, corresponde una potencia pasiva, tanto corpórea como incorpórea, y un poder ser, asimismo tanto corpóreo como incorpóreo.[1]

Con la cita anterior Teófilo pretende demostrar la segunda aseveración de la cual ya he hecho mención y que consiste en aclarar la materia o lo mismo la posibilidad de ser, tanto en las cosas incorpóreas como en las corpóreas.

Por otro lado tenemos el Quinto diálogo que a semejanza del anterior, es también bastante breve, en términos generales durante este diálogo se presenta la explicación de lo Uno, entendido en el sentido en el que el universo siendo infinito e inmóvil, es también indefinible, incomprendido, no engendrado, etc. Por el hecho de comprender en su propio ser todas las contrariedades en unidad y armonía, en este diálogo se llega a la definición del universo por medio de lo que no es.

No se contiene así mismo, porque no es mayor que sí mismo. No está (contenido en sí mismo), porque no es menor que sí mismo… Es término de tal suerte que no es término y forma, de manera que no es forma y materia, de modo que no es materia, y alma, de suerte que no es alma, porque es indistintamente del todo, y por ello, uno; el Universo es uno…[2]

Además este universo, aclara el texto, no tolera la multiplicidad de seres por lo que el Universo es, una vez más, uno (e) inmóvil[3] bajo la justificación de que todo está bajo una proporción y semejanza, en ese sentido no hay distinción entre cada una de las cosas que se encuentran dentro del universo, entonces podemos decir que lo indivisible no es distinto de lo divisible, lo simplísimo, de lo infinito; el centro de la circunferencia. Y así el universo es todo el centro y siendo así está en todas partes. Con todo esto en este discurso se asevera que las cosas no cambian a otro ser, como se puede percatar, sino que el cambio que se produce en las cosas es a otro modo de ser:

En el uno infinito, inmóvil que es la sustancia, que es el ser si se da la multiplicidad, el número que por ser modo y multiformidad del ser, origina la denominación de cada cosa, no por eso hace que el ente sea más que uno, sino que es de muchos modos, formas y figuras.[4]

Luego entonces, como se afirma más adelante del texto, todo lo que difiera o constituya diversidad, alteración o cambio no es ente, no es ser, sino condición y circunstancia de ente y de ser.[5]

Finalmente se presenta el Infinito, el universo y los mundos que es más bien una continuación del mismo diálogo, básicamente es la descripción de cómo el universo siendo infinito e inmóvil, es capaz de crear movimiento en su interior, es decir en su propia alma, a la par de contener en sí mismo objetos inmóviles, como son los astros. Y es infinito por carecer de márgenes y superficies que lo limiten.[6]

Por último el texto nos presenta la explicación sobre la triada opuesta que continuan especificando lo qué es la unidad explicado del modo siguiente

…como si en un mismo sujeto se da el ser fuente, rio y mar, por la misma cuantidad y por la misma forma, pues es la fuente de la cual fluye. El rio es rio que a la vez es fuente, es rio y fuente que a la vez es mar o lago…

Dicha aseveración se manifiesta explicada en treinta condiciones que se especifican en una esfera infinita debido a su estructura en la cual todos sus puntos son igualmente equidistantes a su centro, en este aspecto podemos hablar del ente en acto a todo lo que puede existir retomando el ejemplo de la cita anterior donde en el mismo se dan tres potencias y tres actos,[7] para la esfera serán el centro, el diámetro, la circunferencia y la totalidad de todas sus dimensiones, es la expresión de la unidad absoluta donde todas las cosas son una debido a esta unidad, en este sentido el ente es principio, medio y fin. Es principio de todas las cosas, es la causa eficiente de todo, es el fin de todas las cosas; forma de las formas, causa eficiente de las causas eficientes, fin infinito.

Bibliografía

Fernández Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, BAC, 1990, pp. 359-380



[1]Fernández Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, BAC, 1990, p 361

[2] Íbidem. 366

[3] Íbidem. 367

[4] Íbidem. 369

[5] Íbidem. 371

[6] Cfr. Íbidem. 374

[7] Cfr. Íbidem. 376

miércoles, 29 de febrero de 2012

Pico de la Mirandola, tratado sobre el uno y el ente

 
Se dice que Giovanni Pico de la Mirandola nace en Florencia alrededor del año 1463 y muere en 1494. En pleno auge de la época renacentista publica sus tesis, tituladas Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae. En efecto, uno de sus escritos más relevantes es El ente y el uno donde trata de dar su significado al ente y al uno retomando los conceptos de algunos filósofos griegos, para que en un segundo momento se pueda indagar sobre el conocimiento y características de Dios, el cual será visto como uno y como ente; o mejor dicho como súper-ente y súper-uno.

  Primeramente, Pico de la Mirandola trata de explicar lo que es el ente y el uno teniendo como base a Aristóteles y a Platón, ya que ellos fueron los que distinguieron tales significados. A pesar de ello, los hombres de la Academia aportan su pensamiento diciendo que el uno es anterior al ente, pues el uno es más simple y común. Con ello dan a entender que Dios es uno y no es ente. De esta forma Platón sostiene que el uno y el ente son convertibles y así el uno no es superior al ente. Dicha distinción se ubica en los diálogos de Parménides y en el Sofista. En cuanto al Sofista se menciona que el uno y el ente son iguales y no que el uno sea superior al ente, mientras que en el de Parménides, se menciona que al afirmar que el uno está sobre el ente, y afirmar que si todas las cosas son uno, ese uno no será ente.

  En efecto, según Pico de la Mirándola haciendo referencia a Platón, expresa que para él, “son idénticos no uno y no nada; iguales a sí mismo uno y algo. Después prueba que no se puede decir que el no ente sea uno, y concluye así: el ente no sobreviene al no ente”.[1]

  Mientras tanto, la aportación de Aristóteles en cuanto al uno y al ente son diversas a las de Platón Por ejemplo: “el término ente, sobre el cual se plantea la cuestión de si es igual al uno, se puede tomar en dos acepciones: primera, entendiendo por él todo lo que está fuera de la nada. En esta acepción lo toma Aristóteles cuando hace al ente igual al uno; y cuando el vulgo entiende al ente de tal suerte que llama ente a todo aquello a lo cual no le falta el ser (esse) y que no puede ser llamado con razón nada”.[2]

  El ente presenta el aspecto de término concreto. En efecto, ente y lo que es es lo mismo. Su abstracto es el termino (esse). Así pues, Dios no es ente, sino súper-ente. Esto se refiere a que el uno (Dios) está sobre el ente. Por ello Dionisio dice que Dios es llamado uno porque es el principio de todas las cosas.

  Cabe mencionar que hubo otros filósofos griegos como Parménides que identificaban al uno como Dios, por ejemplo, en su poema menciona que el uno es aquello que a su juicio merece el nombre de ente, el cual es Dios. También es importante saber que el no ente o la nada no pueden ser llamado uno.

  Consecuentemente, existe la posibilidad de hablar de algo que es superior al ente lo cual es Dios, es decir, Dios está sobre el ente, y no bajo él. Conforme a esta visión se cree que Dios es eminentísima y perfectísimamente. Eso no podrá suceder si no contiene en sí las perfecciones de todas las cosas, de tal manera que excluya cuanto de imperfección hay en ellas. Por ello la imperfección se debe de entender que hay “algo en una cosa que en su género no llega a la perfección; otro, el de que es, sí, perfecta en su género, pero no por eso es ya absolutamente perfecta, porque sólo tiene la perfección de un único género y existen fuera de él muchas cosas, ennoblecidas con sus perfecciones propias, que ella no contiene”.[3] Con tal explicación se pretende mostrar que Dios es la perfección total e infinita.

  Lo que se ha querido explicar durante el escrito es que filosóficamente se quiere dar a conocer quién es Dios, rescatando en Él sus características de perfección y creador de todas las cosas, pues es el primero de todos. Esto se va explicando mediante los conceptos de lo que es el uno y el ente.

  Ahora bien, es importante decir que hay cuatro predicados que se hallan en Dios, los cuales también se encuentran en los seres que existen después de Dios, ya que Dios los posee de por sí. Los cuatro predicados o características de Dios son: ente, uno, verdadero y bueno. Estos a la vez tienen sus contrarios como nada, dividido, falso y mal. En efecto, estas características se presentan universalmente a cada cosa. Otro aspecto fundamental que se debe tener presente es que todos los que existen después de Dios tienen causa suficiente, ejemplar y final. Como todos vienen de Él, por Él y para Él; se dice que son entes (entia), porque por su eficiencia participan del ser (esse).
 
  Prosiguiendo con el tema se menciona que Dios es la totalidad de acto, como la plenitud de ser, por lo cual le hace ser la Verdad misma, la Bondad, la Plenitud y la Unidad indivisa. Estas cuatro cosas que son parte de Dios también forman parte de todas las cosas. En consecuencia Pico de la Mirándola dice:

“El bien atañe a la causa final, la verdad a la ejemplar, y el ente a la eficiente, Dios en cuanto que es causa tendrá primero carácter de bien, después de verdad, y en último lugar de ente”.[4]

  De esta manera Pico de la Mirandola hace un análisis de lo que es el uno y el ente haciendo la comparación con diferentes posturas que le ayudan a concretizar el significado del uno y el ente. Gracias a ello puede argüir que Dios es el súper-ente y el súper-uno por todas sus cualidades y sobre todo por ser la totalidad de todas las cosas del mundo haciéndolas participar de sus cualidades.

  Entretanto, el escrito del ente y el uno es una reflexión netamente filosófica en la que Pico de la Mirándola retoma a Aristóteles y a Platón para comparar el significado de cada palabra y así indagar y llegar al quid que es Dios, reconociendo en Él cuatro características como: ente, uno, verdadero y bueno. Sabiendo que cada una tiene sus peculiaridades y más que nada se hacen partícipe en lo que Dios ha creado. En conclusión, el pensamiento de Pico de la Mirandola es por una parte filosófica y por la otra teológica, ya que estás dos se ayudan para reconocer a Dios como Él es. De igual forma con el tratado del ente y el uno se manifiesta la necesidad de la época en la que estaba viviendo, la cual es el periodo renacentista. Así pues, su escrito realiza una indagación reflexiva y profunda para arribar a Dios.
 
Bibliografía:
Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, Editorial BAC, 56, pp. 92

[1] Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, Editorial BAC, pág.71.
[2] Ibidem,pág, 73.
[3] Ibidem, pág, 77.
[4] Ibidem, pág, 90.

jueves, 10 de marzo de 2011

Pico de la Mirándola, Sobre el ente y el uno

En el presente texto se expondrá de manera breve algunos datos de notoria importancia relacionados con la vida de Pico de la Mirándola. A pesar del gran aporte humanístico de dicho autor es importante destacar su inclinación por describir ciertos atributos del ser de Dios, tema fructífero y de gran polémica dentro de la edad media. Además de hablar sobre aspectos concretos de la vida de Pico de la Mirandola se mencionarán de sobria manera ciertos puntos sobresalientes en su obra Sobre el ente y el uno.

Juan Pico de la Mirándola “hombre de prodigiosa memoria, y cuyo platonismo enlaza con la cábala y desemboca en la magia”,1 humanista italiano, nacido en Mirandola, Módena. Estudió derecho en Bolonia, y filosofía en Padua, donde conoció el aristotelismo y el averroísmo. Marcha a París a profundizar su filosofía y, hacia 1486, compone 900 tesis, tesis inspiradas en la filosofía, la cábala2 y la teología, que pretende defender públicamente en Roma y en las que funda doctrinas aristotélicas, platónicas, escolásticas, cabalísticas y herméticas. El Papa Inocencio VIII halla siete de ellas condenables y otras dudosas, y prohíbe su exposición pública; la Apología que de ellas hace Pico obliga al Papa a prohibirlas todas; Pico es arrestado en Lyon y encarcelado en Vincennes como hereje en 1488 pero, perdonado y liberado por Carlos VIII, por intercesión de Lorenzo de Médicis, vuelve a Florencia y colabora en la Academia Florentina con Ficino. El papa Alejandro VI le concede el perdón en 1493.3

Pico de la Mirándola en su libro Sobre el ente y el uno inicia con una oposición al pensamiento de los platónicos cuya argumentación relacionada con el ente y el uno está basada en la posibilidad de la superioridad del uno sobre el ente, porque explican [los platónicos] que el uno puede ser asociado con el principio material de todas las cosas y proponen la informidad del uno al afirmar que “es uno, pero que no es ente, e igualmente ponen en el ámbito de lo uno a la materia primera, esa materia basta e informe de todas las cosas, pero la excluyen del ámbito ente”.4 Y debido a que el ente y el uno son diferentes en atributos característicos, también son diferentes en sus opuestos, porque lo opuesto del ente es la nada, y el opuesto del uno es la multiplicidad según los platónicos.

En cuanto al ente se refiere, Pico de la Mirándola argumenta que no hay nada más común que el ente, porque el ente puede ser relacionado con la composición de todas las cosas refiriéndose a lo material y por lo tanto a lo limitado. Dicho autor no niega la posibilidad de que exista algo superior al ente, porque menciona que “Dios no es ente, sino super-ente, y que hay algo superior al ente, a saber: Dios; y como se le da el apelativo de Uno, se sigue que tendremos que reconocer que el Uno está sobre el ente”.5 Ningún ente puede ser mayor al Ser que lo ha creado a pesar que el Ser superior no sea de la misma naturaleza del ente, pues Dios es el origen de todos los entes y por consiguiente más que cualquier ente.

Dentro del plano epistemológico el hombre tiene la capacidad de conocer determinados atributos de Dios pero la capacidad del hombre sigue teniendo fuertes limitaciones que van en torno al conocimiento sensible pues “éste no es imperfecto tan sólo por ser únicamente conocimiento y no apetición, sino también por ser un conocimiento imperfecto, tanto porque necesita de órgano tosco y corporal como porque no alcanza más que a lo superficial de las cosas, sin llegar a lo íntimo de ellas, a su sustancia”.6 El conocimiento humano no sólo es sensible sino también lógico, pero de igual forma queda limitado para poder llegar al ser de las cosas y con mayor razón queda limitado para llegar al ser de Dios.

En el mismo plano del conocimiento de Dios, el autor muestra la importancia de los nombres en relación con el ser, el conocimiento de las cosas y por ende, para el conocimiento de Dios. Porque ahora se ve el hombre en la incapacidad de nombrar el ser de Dios, y para lograr conocer la verdad de Dios es necesario que el hombre salga de la luz de la razón para entrar en la tiniebla en la que se encuentra el ser de Dios, porque parece que la misma razón está limitada por su propio conocimiento al intentar comparar a Dios con atributos parecidos a los atributos que se le dan a los entes comunes. Porque “mientras entendamos y comprendamos lo que se dice de Dios, nos movemos en la luz, y tanto menores cosas decimos y sentimos de Dios cuanto menor es la capacidad de nuestra inteligencia que su infinita divinidad”,7 es necesario ser iluminado por la luz de la ignorancia para conocer el verdadero ser de Dios que no puede ser reducido simplemente a verdad, reino, sabiduría, ni uno, ni unidad, ni deidad, ni bondad, ni espíritu. Es el momento de empezar a subir los cuatro escalones para llegar a la tiniebla del conocer.

El primer escalón para llegar a dicha tiniebla es saber que Dios no es cuerpo, ni forma del cuerpo, pero si es el alma del cielo o del universo; en el segundo escalón se muestra que “lo que pocos llegan a saber y en lo que nosotros corremos más peligro de errar a poco que nos desviemos de la recta inteligencia, a saber: que Dios ni es vida, ni entendimiento, ni inteligible, sino algo mejor y más excelente que todas esas cosas, ya que todos esos nombres significan una perfección particular, ninguna tal hay en Dios,8 pero es más posible y loable llegar a amar a Dios con mayor capacidad que llegar a conocerlo, y en la situación de amar a Dios más que conocerlo el hombre encuentra la posibilidad de llegar a una cierta plenitud o felicidad. En el tercer escalón se puede encontrar la tentación de verse iluminado por alguna luz o razón mayor que se tenía antes de empezar a subir los escalones del conocimiento de Dios y esto lleva a imaginar a Dios como un ser impío y limitado relacionándolo con un cuerpo humano, pues es como si se le limitase al alma a ser cuerpo. Y en el último escalón se llega a la conclusión de que “Dios no sólo es, como dice Anselmo, el ser por encima del cual nada se puede pensar, sino que es aquello que es infinitamente mayor que todo aquello que se puede imaginar”.9

Los platónicos ven a la materia prima como una, porque según Platón la multitud no necesariamente se opone al uno de la materia en la misma forma que el no-ente se opone al ente. Los atributos que se le pueden dar a todas las cosas son: ente, uno, verdadero y bueno. Porque sólo se le puede decir al hombre imagen verdadera si es conforme a su creador, pues las criaturas si tienden hacia su creador como su fin último, se les llama buenas, pues todas las cosas desean el bien. “En el ser de las cosas podemos admirar la potencia de Dios que las produce, en la verdad venerar la sabiduría del artífice, en su bondad corresponder con amor a la libertad del amante, en la unidad percatarnos de la simplicidad, por decirlo así, única del Creador, la cual unió todas las cosas a sí, y entre ellas mutuamente, llamándolas a cada una al amor de sí mismas, de los otros y, en fin, de Dios”.10

Por lo que se llega a la conclusión de que Pico de la Mirándola en su obra Sobre el ente y el uno explica algunos posibles atributos que se le pueden dar al ser de Dios relacionados con el ser y la esencia de los entes materiales. Parte del mundo real para llegar al conocimiento de Dios cruzando por la luz de la ignorancia o tiniebla de la razón para terminar con la siguiente argumentación relacionada con los posibles apelativos que se le dan al ser de Dios, “primero será uno, ya que se le concede en sí mismo antes de concebírsele como causa. Después será bueno; en tercer lugar, verdadero, y en cuarto ente”.11


Bibliografía


  • Gonzalez Angel, Historia de la filosofía en cuadros esquemáticos, 4º ed., ESPESA, Madrid, 1953, 152 pp.

  • “Pico de la Mirándola”, en Clemente Fernández, Los filósofos del renacimiento, Selección de textos, BAC, Madrid, 1900 pp. 68-93.

1Gonzalez Angel, Historia de la filosofía en cuadros esquemáticos, 4º ed., ESPESA, Madrid, 1953, p. 87.

2 Conjunto de doctrinas teosóficas basadas en la Sagrada Escritura, que, a través de un método esotérico de interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretendía revelar a los iniciados doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo. Diccionario de la lengua española 22º ed.

3Cfr. Herder, Diccionario en CD-ROM

4Pico de la Mirándola, “Sobre el ente y el uno”, en Clemente Fernández, Filósofos del renacimiento, BAC, Madrid, 1900, p. 68

5Ibidem, p.75

6Ibidem, p.77

7Ibidem, p. 80

8Ibidem, p.81

9Ibidem, p.83

10Ibidem, p. 88

11Ibidem, p. 90