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domingo, 19 de mayo de 2013

Brujas: la represión sexual femenil en la Edad Media



Brujas: la represión sexual femenil en la Edad Media

La persecución de brujas en la Europa Medieval “representó un movimiento misógino, basado en la atribución de una naturaleza demoníaca de la mujer”. [1] Ésta es la tesis del psicólogo Eduardo Cosacov Belaus acerca de las causas por las cuales fueron criminalizadas las llamadas brujas en la época medieval. A diferencia de las dos teorías pragmáticas: paganismo y represión política  como causas de la caza de brujas, Eduardo Cosacov contrapone a dichas teorías la del complejo de castración, derivada del psicoanálisis de Sigmund Freud.

Si bien es cierto que el paganismo tiene creencias filosóficas de tipo monoteísta que se encuentran por primera vez en inscripciones cristianas de principios del Siglo IV después de nuestra era, con la hegemonía del cristianismo, estos resabios se  convirtieron en los “aliados del diablo”. La persecución de brujas, sin embargo es muy posterior al comienzo de la Edad Media, siglos XIV, XV y XVI. Por otro lado, también es cierto que el aparato jurídico para perseguir herejes llamado inquistorial, perseguía minorías, y en el caso de las brujas las victimas solían ser pobres, disidentes del pensamiento cristiano; no obstante la dificultad estriba en que sus confesiones  se obtenían habitualmente mediante la tortura.

Por lo tanto, de alguna manera ha sido superficial la explicación  que antropólogos e historiadores han brindado al tema de la persecución de las brujas. En ese sentido Eduardo Cosacov, autor del libro Caza de Brujas en Europa Medieval: una mirada psicoanalítica y de género, sostiene que no es posible entender un fenómeno irracional –como es el de la caza de brujas- de una manera racional, por lo que sólo puede ser comprendido en lo más profundo del inconsciente de la psique humana. Luego entonces Casovoc afirma que la persecución tiene un sesgo de género, en este caso la mayoría de perseguidos eran mujeres. “La persecución ocurrida en Europa hacia las mujeres sólo resulta explicable si se asume que en los estratos más profundos de nuestra mente el sexo femenino se encuentra asociado a la muerte”[2].

Siguiendo los planteamientos de Freud, Cosacov afirma que  los tres grandes temores del hombre son: la muerte, la locura y la homosexualidad. En ese sentido el psicoanalista afirma que los niños como a los neuróticos, al contemplar los genitales, les provocan inquietud y lo relacionan con lo siniestro. La represión sexual en lo general y la misoginia en lo particular están relacionados con la angustia de castración, que evoca a un sentimiento siniestro ligado a la muerte. Cuando un niño de cinco años quiere pasar la noche en medio de sus padres, y este niño es desplazado por el papá, expresa simbólicamente la castración. En el judaísmo la castración es real y se realiza a través de la circuncisión.

Por otra parte, el impulso de muerte del inquisidor que tortura a la víctima, en este caso la bruja, no sólo refleja su misoginia, sino también como todo sociópata, el placer de infringir dolor a otra persona.  La destrucción, la muerte, la violencia en contra de las mujeres es un ejemplo de impulso de muerte de los varones inquisidores. Mientras que el placer sexual de las  mujeres consideradas brujas era condenado, el placer del inquisidor al aplicar la tortura sistemática a otro ser, fue naturalizado y no cuestionado.

Otra forma de represión sexual hacia las mujeres consideradas brujas, fue la masturbación. Como lo describen las pinturas del pintor español Francisco de Goya, “La linda maestra” Capricho 68 de Goya, “el empleo de bastón o escoba era indudablemente algo más que un acto simbólico freudiano: servía para aplicar la planta que contenía atropina las membranas vaginales sensibles, así como la sugestión de cabalgar sobre un corcel, una ilusión típica de viaje de las brujas de aquelarre”.[3]

De igual manera las acusaciones contra las brujas eran variadas, desde la culpabilidad de la impotencia sexual del hombre, la esterilidad, el acceso al goce sexual sin distinción de sexos, el auto placer y la masturbación, degradar los símbolos cristianos y homenajear a la muerte.

De acuerdo con el perfil expuesto en el Malleus Meleficarum (manual del inquisidor), la bruja eran mujeres viudas o casadas de entre los 50 y 70 años de edad. Otro de los rasgos que describe Casocov es que “según el Malleus, fémina proviene de fe-minus, es decir, con menos fe que el varón o cual dicho sea de paso, es etimológicamente falso. También habla de que son más impresionables, más lujuriosas y sensuales, todo lo cual las vuelve vulnerables a las tentaciones.”[4]

La misoginia es una expresión cotidiana desde sociedades de la antigua Grecia pasando por la Edad Media y perdura hasta nuestros días. La lectura del libro Caza de Brujas en Europa Medieval: una mirada psicoanalítica y de género, nos brinda un enfoque diferente para comprender el por qué hoy en día la misoginia y la homofobia son cuestiones de lo más siniestras  en países con fundamentalismos religiosos.




[1] Cosacov Eduardo, Caza de Brujas en Europa Medieval: una mirada psicoanalítica y de género, Ed. Brujas,  Cordoba Argentina, 2011, p.13.
[2] Ibid., p.63
[3] Ibid., p.29
[4] Ibid., pp.48-49.

jueves, 10 de enero de 2013

Apuleyo, “Metamorfosis”, X libro.



Esta obra nos relata una historia, que nos envuelve y  transporta a la idea del autor. El libro décimo nos hace estar atentos a lo que va aconteciendo en la historia, a través de relatos que son muy interesantes.
 En la primera parte del libro nos cuenta que un caballero lleva al asno a residir en una ciudad, en la cual sucedió un acontecimiento: una mala mujer, por amor y pasión, le pide a su hijastro  tener relaciones sexuales para satisfacer su deseo, la madrasta se expresa de la siguiente manera: “tus ojos, que entraron por los míos a lo íntimo de mis entrañas, mueven un cruel entendimiento en mi corazón, por lo cual te ruego que hagas mancilla de quien por tu causa, y no te espante que pecas contra tu padre… te ruego, porque lo que nadie sabe no se puede decir que es hecho”.[1]
En general este relato se expresa de la siguiente manera: La madrastra ardía en fiebres por desear a su hijastro, pero ella temía que lo rechazara. La mujer hizo que su marido se ausentara de casa y exigió la satisfacción de su deseo a su hijastro, pero se dio cuenta de que sus tentativas eran nulas, por tanto se propuso matarle. Envió a su esclavo por un veneno y lo mezcló en su vino, que por error  bebió el hijo menor. La malvada madrastra acusó del envenenamiento a su hijastro porque él no había accedido a sus provocaciones. En el juicio, el médico que preparó el veneno advirtió que sospechando de las intenciones del esclavo, no le dio veneno sino una droga somnífera. Ciertamente el joven envenenado despertó, por lo que la madrastra fue desterrada y el esclavo asesinado.
La madrasta, va en búsqueda de su satisfacción personal tanto que se enamora de su hijastro,  y le pide tener relaciones más íntimas. Pero ésta encendió en ira por la no correspondencia del hijastro, que la hace idear la muerte del mismo. Su ira se acaba cuando sus planes de envenenamiento resultan frustrados, siendo ella expulsada y su esclavo condenado a muerte.   
Después nos habla de cómo el asno fue vendido a un cocinero y un panadero. “Aquel caballero que me había comprado, sin que nadie me vendiese, y me hizo suyo sin que por mí diese precio alguno… vendiome a dos siervos hermanos, sus vecinos, por once dineros”[2], y que  un día comieron buenos manjares, un caballero tomó al asno y lo encargó a uno de sus criados, quien le enseñó técnicas “… a mí diome a otro su criado muy privado suyo y rico… primeramente me enseñó a estar a la mesa sobre el codo; después también me enseñó a luchar y a saltar, alzadas las manos, y porque fuese cosa maravillosa, me enseñó a responder a las palabras por señales”.[3]
Posteriormente el asno relata el estado de su señor, y cómo vino a la ciudad de Corinto, tuvo contacto con una mujer que por aquella noche alquiló al asno para tener relaciones con él y lo expresa con estas palabras : “ella se deleitó y maravilló tanto, que poco a poco se enamoró maravillosamente de mí, y no tomando medicina ni remedio alguno para su loco amor y deseo, ardientemente deseaba estar conmigo y ser otra Pasifae de asno, como fue la otra del toro… ella concertó con aquel que me tenía a cargo que la dejase una noche conmigo y que le daría gran precio por ello”.[4]  
La noticia de que un asno tuviera tan refinado gusto y paladar llegó a oídos del príncipe. Desde entonces, Lucio fue la máxima atracción, mientras que se saturaba de manjares y vino. Una rica dama vio las circunstancias del asno y se las arregló para satisfacer  el apetito sexual que le había despertado el animal. Tal acontecimiento zoofílico se presentaría en público, lo que superó el orgullo de Lucio.
Lo que interesa de este relato es que la mujer al igual que en la  narración en la primer parte buscan una manera de satisfacerse  y de saciar el deseo que los acecha, tal vez con el fin de ser felices, o de un capricho pasajero pero en esta ocasión con un animal.
En el último capítulo,  cuenta la solemne fiesta que se celebraba en Corinto,  y cómo estando listo el teatro, el asno, que iba a participar en el acto sexual frente al público, huyó sin que nadie se diera cuenta. Esto fue por lo que huyó: “la vergüenza que tenía de echarme públicamente con una mujer, y también haber de juntarme con una hembra tan sucia y malvada… así, que poco a poco comencé a retraer los pies furtivamente, y cuando llegué a la puerta de la ciudad, que estaba cerca de allí, eché a correr cuanto pude muy apresuradamente, y andadas seis millas, en breve espacio llegué a Zencreas”.[5]
En conclusión, tomando las mismas palabras del libro, “has de saber que no lees fabulas de cosas bajas, sino tragedias de alto y grandes hechos y que has de subir de comedias a tragedias”. [6] De cierta manera sí lo es, los textos son historias de hechos y acontecimientos que relatan, desastre, y desesperación, que son consecuencias de deseos vanos surgidos por personas que no encuentra la satisfacción en lo que tienen.



Bibliografía:
Lucio Apuleyo, La metamorfosis o el asno de oro, [traducido por Diego López de Cartagena], Madrid, Ed. Espasa Calpe, 1949 (versión en pdf).


[1] Lucio Apuleyo, La metamorfosis o el asno de oro, [traducido por Diego López de Cartagena], Madrid, Ed. Espasa Calpe, 1949 (versión en pdf). Pág. 156
[2] Ibíd. Pág. 171
[3] Lucio, op. cit.  Pág.173
[4] Ibíd. Pág. 175
[5] Ibíd. Pág. 184
[6] Lucio, op. cit.  Pág. 164