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jueves, 24 de febrero de 2011

Tomás de Aquino, Comentario a los 8 libros de la física de Aristóteles

Dentro de esta obra se puede encontrar la aportación que hace Tomás de Aquino sobre los textos de la física de Aristóteles. Primeramente se trata de proponer esta ciencia como primera y de origen natural que implica tanto a la materia y como al sujeto, la cual sólo puede llegar a entenderse en el acto y en la materia,[1] ya que de alguna manera puede ser comprendida cuando se tiene una relación directa con el ser o las cosas existentes, por consiguiente una vez realizado el encuentro con el ente, es necesario llegar a una clasificación. A saber que este proceso implica una demostración de todo lo que se conoce, para concluir con un concepto claro, o mejor dicho una definición puntual y explicita.

Ahora bien en cuanto a la materia para mencionar o explicar ese algo, de lo que es la cosa en ciertos casos “depende de la materia y no pueden definirse sin la materia; hay otras, en cambio, que aunque no pueden existir más que en la materia sensible, sin embargo, en su definición no entra la materia sensible”[2], por ejemplo lo que no puede existir en la materia sensible, da referencia a lo que es la materia sin serlo, en este caso: cuatro libros, el cuatro no puede existir más que en la materia sensible: sin embargo no entra en su definición de materia sensible.

De tal modo que deben ser exactos en los caracteres que tienen cada materia, determinados por separado ya que se evita tener que repetirlos casos particulares de cuestiones comunes con las demás materias, “por eso como cabeza de la ciencia natural es el libro que trata del ser móvil en general antes de todas las ciencias tiene el nombre de filosofía primera ya que determina los caracteres comunes de ente en cuanto a ente.”[3]

Ahora haciendo una distinción entre matemática y filosofía natural pues en si tratan de lo mismo en cuanto a los puntos y superficies aunque no se trata de la misma manera, “el punto está en que no hay inconveniente que una misma cosa sea estudiada, mientras tanto sea estudiada bajo diversos aspectos.” [4]

Por lo que aun existiendo una relación y en cuanto a alguna cosas unidas no puede entrar un concepto de una cosa en otra, ya que una es posterior a la otra y esta es la que da el significado, no a la inversa,” el animal es anterior al hombre, y el hombre, anterior a este hombre”[5]

Pero todo esto proviene de algo y tiene un fin, y es ahí que todo lo que conocemos es obra del fin último, todo fue creado vello, bueno, es arte, de lo cual el arte no delibera, el que delibera es el hombre, ahora bien “los mismos que deliberan, una vez que han llegado a poseer con certeza el principio inspirador del arte, ya no deliberan al ejercerlo”[6] ya que se ve parte de esa belleza que tiende a un fin.

Volviendo a lo mismo en cuanto a las definiciones otorgadas por el hombre, como punto principal el filósofo, al definir movimiento; “el acto que existe en potencia”[7], se tiene que dirigir a “cada género ya que este se divide por la potencia y el acto […], y por ser unas de las primeras diferencias del ser de ahí se vale el filósofo para dar el significado”[8]

Y es que el termino movimiento nos da pausa a hablar de que “hay algo que está solamente en acto y algo que está solamente en potencia, y algo, en fin, que es algo entre potencia y acto.”[9]

Bibliografía:

Tomás de Aquino, comentario a los ocho libros de la física de Aristóteles, en Clemente Fernández, Los Filósofos Medievales Selección de Textos, tomo II, BAC, Madrid, 1979. pp. 559-677



[1] Cfr., Santo Tomás de Aquino, comentario a la física de Aristóteles, 2.574,en Clemente Fernández, Los Filósofos Medievales Selección de Textos, tomo II, BAC, Madrid, 1979. p. 559

[2] Ibid., 2.575.

[3] Cfr., Santo Tomás de Aquino, comentario a la física de Aristóteles, 2.577.

[4] Cfr., Santo Tomás de Aquino, comentario a la física de Aristóteles, lb. II, 2. 585.

[5] Ibid., 2.587.

[6] Ibid., 2.591.

[7] Ibid., 2.596.

[8] Cfr., Santo Tomás de Aquino, comentario a la física de Aristóteles, lb. II, 2. 594.

[9] Ibidem.