jueves, 27 de enero de 2011

San Agustín: Tratado sobre la Santísima Trinidad (I)

Una de las cuestiones más relevantes y de mayor discusión desde los inicios de la religión cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. San Agustín de Hipona retoma el tema en una de sus obras, considerada una de las más importantes, titulada precisamente Tratado sobre la Santísima Trinidad. El presente documento quiere hacer síntesis de algunos fragmentos seleccionados de dicha obra, puntualizando los elementos filosóficos existentes en los mismos.

En primer lugar, san Agustín trata el tema de la creación como obra exclusiva de Dios, el Hacedor de todas las cosas, bajo cuya voluntad está la materia de las cosas visibles, obra secreta de sus manos y de “la sabiduría increada de Dios, que es irreceptible en el espacio; y siendo ella inmutable, ordena todas las cosas perecederas, pues nada de esto existiera de no haber sido por ella creado”.1

Posteriormente, señala la importancia de conocer la miseria humana, de tal manera que en esa pequeñez se reconozca el amor de Dios y la desesperación no llegue a la persona, sino que se perfeccione en la caridad, al ser humillado el propio orgullo.

“Dios es, sin duda, sustancia, y si el nombre es más propio, esencia; en griego ousía”2, así define san Agustín a Dios, añadiendo que en Él no cabe hablar de accidentes porque es esencia inconmutable, no cambia ni puede cambiar, ya que accidente es “todo cuanto una cosa puede adquirir o perder por mutación”.3 Sin embargo, aún queriendo definir a Dios, el lenguaje humano está limitado, es impropio e indigente, y sólo se puede afirmar que Dios es una esencia o sustancia y tres personas, aunque aclara: “Decimos tres personas para no guardar silencio, no para decir lo que es la Trinidad”.4

Después se detiene a tratar el tema de lo bueno y del bien, afirmando que se ama lo bueno, y enlista una serie de elementos que se reconocen como tal, sin embargo, cuando se prescinde de todo lo bueno y se contempla el Bien puro, se ve a Dios, Bien imparticipado, Bien de todo bien. Y así como se ama lo bueno, se ha de amar a Dios, adhiriéndose a Él con el alma, a quien ésta debe su existencia, alcanzado con ello la felicidad.

Tomando los conceptos de mente, conocimiento y amor, realiza una comparación con la dinámica que estos comparten en semejanza a la Trinidad. “Percibe la mente, mediante los sentidos del cuerpo, las sensaciones de los objetos materiales, y por sí misma los incorpóreos. En consecuencia, se conoce a sí misma por sí misma, pues es inmaterial. Porque, si no se conoce, no se ama”.5 La mente, su amor y su conocimiento son tres cosas, y las tres son unidad; y si son perfectas, son iguales; existen en el alma de manera sustancial y esencialmente, siendo necesario que sean una misma cosa, de tal forma que se hallen todas en todas, a pesar de su subsistencia. “Las tres son de un modo maravilloso inseparables entre sí, y, no obstante, cada una de ellas es sustancia, y todas juntas una sustancia o esencia, si bien mutuamente son algo relativo”.6

Acentuando su teoría del conocimiento, san Agustín afirma que conocemos las cosas en sí mismas cuando contemplamos la misma verdad, inmutable y eterna, percibida por la mente racional, a través del sentido del cuerpo y recordando la imágenes archivadas en la memoria, mediante la pura inteligencia, las razones y el arte inefablemente bello de tales imágenes7, siendo estas imágenes las que entran en el alma y no los cuerpos cuando en ellos pensamos. De tal manera percibimos la verdad, y es esta misma verdad la que permite florecer la palabra, alcanzando el amor cuando se une con la mente, ya que del amor es de donde surge, en su relación con el Creador.

Tratando aún temas epistemológicos, ahora plantea el problema del conocimiento del alma por el alma, de tal manera que ella, al buscar para conocerse, sabe que se busca y se ignora. “Ella sabe que existe y vive como vive y existe la inteligencia [...] y aunque dude de todas las demás cosas, de éstas jamás debe dudar; porque, si no existiesen, sería imposible la duda”.8 Lo mismo ocurre con la mente: “si la mente se conoce, conoce su esencia, y si está cierta de su existencia, está también cierta de su naturaleza”9, pues nada hay en la mente más presente que ella misma.

Bibliografía

San Agustín, “Tratado sobre la Santísima Trinidad” en Clemente Fernández, Los Filósofos Medievales I. Selección de textos, BAC, Madrid, 1979, pp. 400-423

1San Agustín, Tratado sobre la Santísima Trinidad, L. III, 8, § 15

2Íbidem, L. V, 2, § 3

3Íbidem, 4, § 5

4Íbidem, 9

5Íbidem, L. IX, 3, § 3

6Íbidem, 5, § 8

7Cfr. Íbidem, 6, § 11

8Íbidem, L. X, 10, § 13-14

9Íbidem, § 16

1 comentario:

  1. gracias por tu aportación. ahora bien me gustaría que desarrollaras más la idea del conocimiento del alma por el alma y mi cuestión es ¿por que dice san Agustín que no puede se puede dudar del conocimiento del alma por el alma?

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