miércoles, 18 de enero de 2012

San Anselmo, Sobre la existencia de Dios.

San Anselmo de Canterbury fue un monje benedictino que nació en Aosta en 1033, y murió siendo arzobispo de Canterbury en 1109. Destacó como teólogo y filósofo escolástico.[1] Es doctor de la Iglesia.

San Anselmo en busca de que sus hermanos meditasen sobre la razón de la fe, intentaba “demostrar que Dios existe verdaderamente, que es el bien supremo y que no necesita de ningún principio, y del que, por el contrario, todos los otros seres necesitan para existir y ser buenos.”[2] Al ver que la solución a esta dificultad se le desvanecía de las manos, optó por dejarla, pensando que tal búsqueda era vana e imposible. Un día en que se resistía a resolver tal problema, se le ofreció la idea que desesperado había buscado, éste al momento la acogió con entusiasmo, y pensó en desarrollarla por escrito para que los demás pudiesen leerla. Fue así como San Anselmo publico sus dos primeros libros, llamados: “Monologion, es decir, conversación conmigo mismo, y el otro Proslogion, es decir, alocución.”[3]

En el primer libro Monologion San Anselmo expone lo siguiente: Existe una naturaleza única, que es superior a todo cuanto existe, y que ésta se basta así misma, y si alguien lo llega a negar “con tal que sea un poco inteligente, podrá convencerse por la sola razón, de estas cosas”[4]; Todas las cosas que se dicen de ser justas, buenas, etc., no pueden ser comparadas con otras de las cuales también se diga que son justas o buenas, sino que solamente pueden ser consideradas justas y buenas, por la Justicia y la Bondad; Todas las cosas existen gracias a un principio único, más que por razones de varios, los cuales por ningún concepto podrían existir sin él, “todo lo que existe por otro es menor que la causa que ha producido todos los seres y que existe por sí misma.”[5] Cuando se llega a decir que nada ha existido antes de la esencia suprema, no se debe entender que antes de que existiese la esencia suprema hubo un tiempo en que no existía nada, sino que, antes de la esencia suprema, la cual es Dios, no había cosa alguna “Si se comprende esta explicación… se concluirá con razón que, si no hay nada que haya precedido ni deba seguir la esencia suprema, nada ha existido antes ni nada existirá después de ella.”[6]

El segundo libro Proslogion, es una alocución de San Anselmo, en la cual invita a quien lo lee a buscar a Dios, a descansar para entrar en el santuario de su alma, apartándose de todo menos de Dios, a buscarlo en el silencio de la soledad, “Busco tu rostro, busco tu rostro, ¡oh Señor!.”[7] El Proslogion es un llamado a reconocer a Dios como maestro, aunque nunca se le haya visto “He sido creado para verte, y todavía no he alcanzado este fin para el que he sido creado,”[8] empujados por la necesidad hemos empezado a buscar a Dios “Yo te buscaré deseándote, te desearé buscándote, te encontraré amándote, te amaré encontrándote.”[9] Aquí se pide a Dios, quien da inteligencia a la fe, entender que en realidad Él existe, porque nadie, entendiendo lo que Él es, puede pensar siquiera que Dios no existe, aunque pueda articular estas palabras en sí mismo. La luz en donde habita Dios no se puede ver, ya que su brillo es demasiado grande para los ojos, sin embargo, gracias a ella se ve todo, ya que lo ilumina todo, el ojo humano no puede mirar esa luz, pero el hombre sabe que esta por doquier presente y entera, por lo que le da confianza para decir “Yo me muevo en ti, existo en ti… y tú estás en mí y alrededor de mí”[10]

Ciertamente San Anselmo fue un santo muy importante por todo lo que pudo aportar a la Iglesia, y con razón se le ha nombrado Doctor de la Iglesia, el cual es un maestro de fe para los fieles de todos los tiempos. San Anselmo invita a los creyentes y no creyentes a reconocer a Dios como la esencia suprema, sin la cual nada existe y es, y en la cual todo se mueve, pues está presente en todo.

Bibliografía.

Centro catechistico salesiano, Messale dell’assemblea cristiana, Torino, Editorial Elle Di Ci, 1978, pp. 2319.

Canals Vidal, F. (ed), Textos de grandes filósofos Edad Media, Barcelona, Editorial Herder, 1991, pp. 263.


[1] Escolástica: El término escolástica procede del vocablo “scholasticus”, es decir, el que enseña en una escuela. El término filósofo escolástico designa, que gran parte de la elaboración de comentarios y sistemas filosóficos y teológicos se hallan dentro de los dogmas católicos. La filosofía escolástica era considerada antiguamente como una “sirvienta de la teología” (Ferrater Mora, José, Diccionario de filosofía, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1964, p. 548.)

[2] Canals Vidal, F. (ed), Textos de grandes filósofos Edad Media, Barcelona, Editorial Herder, 1991, p. 63.

[3] Ibidem, p. 64.

[4] Ibidem, p. 59.

[5] Ibidem, p. 62.

[6] Ibidem, p. 77.

[7] Ibidem, p. 64.

[8] Ibidem, p. 65

[9] Idem.

[10] Op. cit. p. 71.

1 comentario:

  1. Personalmente considero que tienes una buena redacción y una forma muy concreta de externas tus pensamientos, por lo que facilita la lectura de tus trabajos.
    Leyendo tu aporte, es interesante ver lo que proponía San Anselmo en referencia a la búsqueda de Dios. Considero importante hoy día, saber de estos personajes que han marcado la tradición católica y asimismo como referencia de como la cuestionante sobre Dios es muy notoria en la historia del hombre. Buena aportación.

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