miércoles, 4 de enero de 2012

Juliano, Discursos, La madre de los dioses

En el presente escrito se pretende mostrar a grandes rasgos un panorama de las creencias y formas de pensar de los habitantes romanos, utilizando los escritos de Juliano, el Apóstata, que fue emperador de la ciudad más poderosa y amada por los dioses, Roma. Juliano escribió algunos discursos filosóficos, entre ellos se encuentra La madre de los dioses, que pretende dar a conocer quién es Atis, o bien Galo, y, por ende, quién es la misma madre de los dioses.

Ahora bien, se menciona que el culto a la madre de los dioses se extendió de Frigia a Lidia y de allí a Jonia. Se dice que los griegos adoptaron a la madre de los dioses como culto religioso y expulsaron a Atis. “Tras los griegos, recibieron dicha creencia los romanos, al aconsejarles el dios Pítico que para su guerra contra los cartagineses trajeran de Frigia, como aliada a la madre de los dioses”[1]. Según el relato cuenta que los romanos piden a los reyes de Pérgamo la imagen de la diosa, o sea, la madre de los dioses, la cual fue conducida por una embarcación recorriendo el mar Egeo y el jónico hasta arribar al Tíber, donde la embarcación se detiene por culpa de la doncella Clodia, pues la acusaban de no haberse mantenido totalmente limpia y pura para la diosa. Mientras tanto, la doncella eleva su súplica a la diosa y hace mover la nave. Con dicho suceso, la madre de los dioses enseña a los romanos que la imagen que habían traído de Frigia era algo sobrenatural y auténticamente divino. También les muestra que la maldad o bondad de todo ciudadano no podrá pasarle desapercibida.

En cuanto a Galo y Atis son considerados como la substancia de la inteligencia fecunda y creadora que engendra todo, es decir, todas las causas y razones abstractas de las formas materiales. Con ello se argumenta que existen dos principios que son el de la forma material y el de la materia. Estos, a su vez, tienen como causa principal el quinto cuerpo que en sí es el éter.

Lo importante del quinto cuerpo es saber cómo contiene las causas incorpóreas de las formas materiales. También es necesario entender que “no existe ni un solo cuerpo, o una criatura concebida en torno a un cuerpo, o incluso algo contemplado como incorporal, cuya representación no pueda formarse la inteligencia de forma corporal, lo que no podría hacer si no tuviera con ellos algún parentesco natural”[2]. Así pues, Atis es un dios fecundo, según afirma el mito, ya que éste fue amado por la madre de los dioses, que le puso todos sus atributos y entre ellos su bonete adornado de estrellas. Después, el mito afirma que Atis, por haber llegado a los confines, descendió a una cueva y se unió a una ninfa, dando a entender que la humedad penetra la materia y que no designa ahora la propia materia, sino la última causa incorpórea que preside la materia.

En efecto, el mito da una explicación de quién es la madre de los dioses pues ella “es la señora de toda vida y causa de toda generación, la que fácilmente lleva a su fin lo que crea, la que engendra sin sufrimiento y crea los seres junto con el padre, y es la virgen sin madre, la que comparte el trono con Zeus”[3]. En tanto, la madre de los dioses ama su causa creadora y fecunda, y ordena dar a luz todo lo inteligible. Además, desea volverse hacia ella misma y cohabitar con ella.

Este mito expresa que la madre de los dioses invita a Atis a servirla y no abandonarla ni amar a otra. Cabe decir que se encuentra indignada cuando Atis, siendo un ser superior y un dios, se da a sí mismo a lo que es inferior. “Pero cuando detiene su progreso hacia el infinito y ordena lo desordenado por medio de la simpatía que le lleva al círculo equinoccial, donde Helios gobierna la medida última de su limitado movimiento, la diosa, contenta lo atrae hacia sí”[4]. No se debe de olvidar que Atis es un dios en su totalidad, ya que proviene del tercer creador y es conducido hacia la madre de los dioses después de su mutilación, la cual es la detención del infinito.

Como se ha indicado inicialmente, el discurso de La madre de los dioses fue escrito por Juliano, el Apóstata, donde muestra las creencias religiosas de los romanos teniendo presente a Atis y a la madre de los dioses. De Atis se explica que es la substancia de la inteligencia fecunda y creadora que engendra todo, además, es considerado como un dios fecundo. Precedentemente, la madre de los dioses es vista como la señora de toda vida y causa de toda generación, la que fácilmente lleva a su fin lo que crea. En conclusión, Juliano, por medio de tal discurso, expresa la religiosidad del pueblo romano y, sobretodo, enuncia aspectos filosóficos.

Bibliografía:

Juliano, Discursos VI-VII, Madrid, Gredos, 2002, pp. 73-100.


[1] Juliano, Discursos VI-VII, pág. 76

[2] Juliano, Discursos VI-VII, pág. 81

[3] Juliano, Discursos VI-VII, pág. 85

[4] Juliano, Discursos VI-VII, pág. 90

2 comentarios:

  1. Tu aportación es sencilla y clara, asimismo el desarrollo del escrito permite entender con facilidad tus ideas. Resalto la siguiente idea que me llamó la atención: También es necesario entender que “no existe ni un solo cuerpo, o una criatura concebida en torno a un cuerpo, o incluso algo contemplado como incorporal, cuya representación no pueda formarse la inteligencia de forma corporal, lo que no podría hacer si no tuviera con ellos algún parentesco natural.
    Con ello creo entender que pasa lo mismo con la figura de la diosa madre, también de aquí parto que es interesante conocer la figura femenina de un dios.

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  2. El hecho de que un emperador como Juliano se encuentre inmerso en los diversos diálogos religiosos de su contexto de manera única como logra hacerlo, llama la atención en sobre manera, y lo es porque su atención realmente es un reflejo de la creencia personal que poseía, su ardor va más allá de una simple estrategia política. Sus intervenciones son claras, justificadas y gozosas de una amplia cultura, lo cual nos da una idea de la preparación intelectual de los gobernadores de este periodo. Por otro lado, lo interesante de los textos de este tipo, que logró elaborar, proyectan la sensibilidad del pueblo al culto religioso, sea cual fuese, el hombre aún sigue preguntándose sobre el origen del universo, la armonía del mundo, el designio de los dioses, pero desde niveles más altos apoyados en posturas filosóficas y elaborando interpretaciones, donde se busca el protagonismo del hombre que pretende encontrar la verdad.

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