martes, 18 de junio de 2013

La herejía en la Edad Media: su aniquilamiento por la Iglesia.

El fenómeno de la herejía se encuentra en la conformación de Occidente y permitió el nacimiento de la Inquisición o el proceso inquisitorial. Dicho proceso fue instituido oficialmente por el papa Gregorio IX en 1231, precisamente para combatir lo que la Iglesia llamo herejía. También, dentro de este proceso se encuentra la obtención de la verdad mediante la confesión a base de tortura y la muerte de los herejes, principalmente, en la hoguera. Pero el problema de aparición de la herejía va ligado con el nacimiento del mismo cristianismo.

El papa creador de la Inquisición


                El nacimiento de la herejía procede de los debates que se llevaron a cabo en la conformación del corpus canónico del Nuevo Testamento y de la elección del “conjunto de textos que se derivaban directamente de las enseñanzas de Cristo…este corpus permitía formular un credo único e intangible y fundar la iglesia universal (o según el termino griego católica).”[1] Así los vencedores de este debate tan polémico vieron a los vencidos como herejes, ya que estos creían en otros textos, los cuales no fueron aceptados por el grupo vencedor. Así de esta forma las herejías ya fueron catalogadas desde el Siglo II pero hasta llegar al Siglo XI es donde ya serían más fuertes y serias y representarían un rotundo peligro para el poder de la Iglesia. En la Edad Media se dispuso de lo que había establecido San Agustín en el siglo V con setenta y ocho herejías y el resumen que hizo Isidoro de Sevilla en sesenta herejías.

                El termino Herejía “significa en griego <acción de toma> y, en sentido metafórico, selección, preferencia, vía particular y separatista>…añadiendo que hereje no sólo es el que está en el error, sino el que se obstina y persiste en él.”[2] Pero la herejía se tornó más notable para ser perseguida, ya no solo por la iglesia sino por el Estado cuando Constantino convirtió al cristianismo en la religión legal, así toda persona que negaba la autoridad de los padres de la Iglesia podía ser perseguida con todo derecho. Después de la caída del Imperio Romano, la herejía parece que desaparece pero vuelve a surgir hacia finales del Siglo X. Así la herejía que surge a principios del siglo XI estaba ubicada, principalmente en la región de Aquitania y la reputación que se le atribuía a esta región  “se relaciona con el temor que los laicos inspiraban por entonces a los monjes. La amenaza de los laicos residía en que querían imitar la vida de los Apóstoles, abrazar una vida religiosa marcada por continuos rezos y ayunos, porque rechazaban la cruz, las reliquias y las imágenes sagradas…porque rechazaban también el sacramento de la misas …y porque pretendían tener acceso al saber bíblico.”[3]


La Inquisición


                La Inquisición se crea o se pone en funcionamiento en torno al año de 1230 y dándose a la vez la construcción del estereotipo de lo que entendería la Santa Inquisición por hereje: “que actúa como servidor del diablo,”[4] y que además con este perfil se inicia la asociación con la brujería. “Muchos historiadores recientes han explicado la brujería exclusivamente como una variedad de herejía cristiana o como un invención de los escolásticos y los inquisidores “[5]. Entonces, la herejía nace a comienzos del siglo XI y se va extendiendo por gran parte de Europa teniendo su lugar principal al sur de Francia en la región de Languedoc.
                La aparición de la herejía viene dada por varios acontecimientos precisos y fechados, procedentes de relatos monásticos: cuatro de estos cinco relatos, son reseñados por el monje Raul Glaber, desde los años 1031 a 1042. Primero, menciona la historia de un campesino, Leutardo, en Chalons, en la Champaña, el cual siendo campesino “abandona a su mujer y hace añicos las imágenes y la cruz y se pone a predicar, denunciando el diezmo; y la otra historia es de un letrado de Ravena, Vilgard, que se convirtió en hereje a causa de su amor por la gramática[6] y por los poetas paganos.” Siendo estas dos historias ocurridas por el año 1000. Otro fue el caso que tuvo mayor resonancia y que ocurrió en Orleans, en 1022 varios clérigos, alrededor de catorce fueron acusados de herejía y quemados por orden de Roberto el Piadoso, donde parece que acontece que dichos clérigos negaban la gracia del bautismo, la eucaristía, la remisión de los pecados mortales, desaprobaban el matrimonio y se abstenían de comer carne. Entonces, desde el año 1000 se dan de forma no frecuente pero si esporádica la aparición de ciertas conductas heréticas y que por las fuentes documentales quedaron relatadas por monjes.



Pueblos enteros eran condenados por herejes



                Otros casos de herejía, el primero surge en 1028 y cuenta que en Montforte había “una fraternidad compuesta por varones y mujeres que vivían en comunidad de bienes, exaltando la castidad, orando y ayunando bajo la dirección de cierto Gerardo y bajo la protección de la señora.”[7] Fueron quemados para evitar que sus ideas se propagaran. Pero este descubrimiento de herejes llevó a una parte de la Iglesia y a la población de sospechar hasta de lo mínimo como por ejemplo en negarse a ingerir carne como ocurrió con un grupo de personas que por eso debían de ser quemadas. Actitudes que llevaron a decir lo que el obispo de Chalons, que respondió que se tenía que hacer con los herejes “había que dejarlos en paz, como un nuevo san Martín que se había postrado contra la condena de Prisciliao, pues Cristo no condenaba a las ovejas descarriadas, y era preciso evitar la violencia que se manifestaba contra ellos en Francia, en donde personas inocentes han sido conducidas a la hoguera por el simple hecho de que estaban pálidos.”[8] Ya que las acusaciones de herejía no eran evidentes y se podía llevar a la hoguera a gente inocente, como de hecho ocurriría en un parte de la Edad Media.


 Herejes en la Hoguera



                La herejía parece cundir hacia diversos ámbitos, así se tiene la herejía nicolaita y la herejía simoniaca donde se tienen a los sacerdotes casados y los sacerdotes que obtienen un cargo a cambio de dinero. Ante estos hechos y otros más que se vienen presentando el papado toma un posición frente a la herejía: “la Iglesia no ha errado jamás y, según el testimonio de la Sagrada Escritura, no errará jamás, y el que no reconozca las decisiones de la Sede apostólica debe ser tachado de hereje”[9] Estos hechos ocurridos posteriores a 1049 y hasta 1120. Para los años de 1138 y 1140 la iglesia retoma fuertemente la discusión contra la herejía, ya que ésta parece que empieza a ganar terreno con la aparición de Pedro de Bruis quien es un predicador hereje y que difunde estas ideas por gran parte de Francia y le continúa un discípulo suyo Henri, después de morir en la hoguera que el mismo usaba para quemar las cruces. Así la Iglesia toma cartas en el asunto y Pedro el Venerable refuta las cinco proposiciones heréticas de Pedro de Bruis: “la nulidad del bautismo realizado a los niños, la inutilidad de las iglesias, el rechazo a la cruz, el rechazo a la eucaristía, y finalmente, la negación de la efectividad de las plegarias y de las limosnas para los difuntos.”[10] Y para 1139 el concilio de Letrán retoma las propuestas de Pedro el Venerable. Así se vienen dando las apariciones cada vez mas frecuentes de casos de herejía, probada o no, pero parece que se extendida hacia toda Europa y al pasar de los años la Iglesia temía por su poder y posición frente al pueblo.

Persecusión y condena de los herejes en la hoguera.




La preocupación de la Iglesia por la continua aparición de grandes comunidades de herejes y de sus seguidores en diferentes puntos de Europa la llevaron a utilizar diversos términos para su identificación como por ejemplo el de cataros:  “aparece por primera vez en los Sermones  contra cataros, del monje Eckbert von Schonau, aparecidos en 1163 después de haber sido descubiertos en Colonia una decena de personas, varones y mujeres, herejes que pronevían de Flandes.”[11] Asimismo, se usaron otros términos como: vulgarus, bolgarus, en francés, bougre, bogre, bougres. En Alemania Ketzerei que decía venia de Kater, gato, símbolo de Lucifer. Pero el significado de todos estos nombres, que la Iglesia impulsaba, para los herejes, ¿qué tenían de fondo?, podía ser de índole política y de dominación y poder; posiblemente si, ya que la iglesia los fomentaba y además de poder extender su dominio en donde pudiera ser opacado por la herejía. Pero a pesar de lo anterior, para el año de 1165 o 1176 ocurrió que en el sur de Francia, un grupo de caballeros fueron interrogados por los obispos y ahí declararon: “que no aceptaban el Antiguo Testamento, sino sólo el Nuevo Testamento. A propósito del bautismo de los niños, del matrimonio y de la confesión, dijeron que se negaban a decir otra cosa que no fuera lo que decía el Nuevo Testamento. Sobre la eucaristía respondieron que otorgaba la salvación si se recibía dignamente, pero que podía ser consagrada tanto por un clérigo como por un laico. Acusaron a los obispos y sacerdotes de ser lobos rapaces y recitaron el símbolo de los apóstoles pero se negaron absolutamente a jurar.”[12]





       Después de dos concilios, el de Letrán y el de Tours, los dos recogen cánones sobre la herejía, la cual la sitúan al sur de Galia y caen en la promulgación que cualquier reunión pequeña se ha vuelto sospechosa de herejía. Lo anterior llevaría a toda una especie de psicosis en la población, lo cual seguramente era lo que quería la Iglesia para combatir precisamente la herejía.  Esta herejía podía tener muchas variantes como la herejía llamada catarismo “la religión de los puros”[13] Pero la creencia de que los herejes eran libertinos y practicaban rituales obscenos[14], así como de que las brujas se reunían en grupos, esto llevo a que fueran más perseguidos ya que se les empezaba a ligar con la brujería y con el demonio.
                El sur de Galia también parece convertirse en el lugar propio de las polémicas, así tres tratados anti heréticos aparecen: El Contravaldenses et contra arianos, de Bernardo de Fontcaude, el Liber antiheresis, de Durand de Huesca, y la Summa quadripartita o De fide catholica, de Alain de Lille. Por su parte Inocencio III “asumió la ofensiva contra la herejía con tres procedimientos: en primer lugar, termina de definir en el derecho la criminalización de la herejía, en segundo lugar, impulsa la cruzada en el Midi; y en tercer lugar, decide extender la tolerancia por todas partes en donde las nuevas formas de religiosidad hasta entonces rechazadas pudieran ser integradas.”[15] Asi la iglesia a través de Inocencio III logra que la herejía sea un crimen de lesa majestad, lo cual “significaba que todo el arsenal de penas previstas al respecto iba a poder ser aplicadas al hereje, desde la confiscación de bienes o la exclusión de las funciones públicas hasta la desheredación.”[16] Con esta ofensiva del papado se inicia una rotunda persecución de los herejes, asi lo ordena Inocencio III contra Beziers-Carcasona, donde son los poblados arrasados por ser herejes.

              La herejía es vista, aun en la actualidad, dese los ojos de la Iglesia, lo cual puede estar falseado por ser juez y parte en todo el proceso de persecución y quema en la hoguera de los herejes. Así esta herejía puede dar paso a los ataques que sufrirá la iglesia por la corriente protestante.  Todavia hasta 1800 la inquisicion existia y en España, en Valencia, queman al último Hereje.





[1] Goff. Jacques Le, Schimitt, Jean Claude. Diccionario razonado del occidente medieval, tr. Ana Isabel Carrasco Machado, Akal, Madrid, 2003, p. 328.
[2] Idem., además se puede añadir: “El termino griego se conserva en dos versículos del apóstol san Pablo: el primero, <pues tiene que ver incluso herejes entre vosotros para que queden de manifiesto los que soportan la prueba>…y el segundo, <al hereje, después de un aviso o dos recházalo>.”
[3] Ibid., p.329.
[4] Idem.
[5] Rusell, Jeffrey B., Historia de la brujería, hechiceros, herejes y paganos, Paidos, Barcelona, 1998, p. 33.
[6] Idem.
[7] Ibid., p.330.
[8] Idem.
[9] Ibid., p.331.
[10] Idem.
[11] Ibid., p.332.
[12] Ibid., p.333.
[13] Russell, op.cit., p.76.
[14] Veáse, Russell, op.cit. pp.77-78.
[15] Goff, op.cit., p. 335.
[16] Idem.

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