sábado, 15 de junio de 2013

El libro de la rosa (Segunda parte)

Guillaume de Lorris, Jean de Meun

El Libro de la Rosa


En la segunda parte del libro, es decir la escrita por Jean de Meun aquella narración de fantasía e ilusión dará un giro inesperado, lo que el primer autor no mencionó en sus versos a pesar de ser un tema crucial de la época, éste lo hace inacansablemente al iniciar la segunda parte, habla de Dios, de su bondad, de su poder, ello llama la atención porque la temática de la primera parte no coincide con esta nueva perspectiva, no obstante debemos recordar que en el momento en que Jean de Meun inicia sus versos la iglesia era una de las polémicas del momento. Asimismo,  es interesante el modo en que el autor introduce mitos, leyendas y hasta la definición de Amor, (siempre consideré que era imposible, sin embargo no está tan errante esa definición que Razón le da al poeta).



El poeta y los personajes dejan de tomar tanta importancia, 
más que imaginarte el escenario donde se está desarrollando la narración te lleva a un estado de reflexión acerca de tu propia experiencia en el amor. Consigue acertadamente, darle un giro a aquel toque romántico y soñador que tenía el primer autor, retoma la historia hasta donde el poeta se había quedado solo sin la compañía de Dulce Albergue,  se lamenta amargamente de su situación. Atormentado, angustiado y desesperado, se siente orillado y dispone “que suceda lo que haya que suceder. Haga amor lo que guste, sea dejarme libre o aprisionarme. Si lo desea que me deje morir”[i] pero nuevamente se presenta Razón ante él e inician una larga charla acerca del Amor, (es evidente que Jean de Meun expone en estas situaciones un amplio interés en diversos asuntos) tratando mediante un sin fin de argumentos hacerle desistir de servirle al Dios de Amor por ser un tirano y no dejarse guiar por Fortuna; proponiéndole amarla a ella, asegurándole que si así lo hiciera, tendría una mejor vida sin sufrimientos ni desdichas, sin embargo el poeta se resiste a seguirla escuchando, "No toméis cuidado de mi necedad: pase lo que pase, he de amar a la rosa que me apasiona y mi corazón no aceptará a ninguna otra."[ii] Razón se retira. 


Posteriormente inicia lo que parece una guía para la vida cortés la conversación que tiene con Amigo, éste le hablará de diversos temas en los que le da instrucciones al poeta de cómo acercarse a Dulce Albergue, como conseguir entrar entre todos los enemigos que ahí estaban custodiándole tanto a él como a la rosa, así le enseña cómo tratar a los enemigos, es decir adulándolos, siendo hipócrita con ellos para conseguir su cometido; después continúa la enseñanza del amigo hacia el poeta pero ahora lo hace en cuanto a cómo cuidar sus bienes y no malgastarlos, evitando a pobreza. De pronto, el amigo habla de las mujeres y el matrimonio, pero con una gran pasión aborda ambos temas.



Del tema de las mujeres llega a ser insultante, humillante, ofensivo y hasta agresivo; sin olvidar que en el tiempo en que escribió esto, la mujer aún permanecía en calidad de objeto para los hombres. 


"Por vos he sido avergonzado; por vos y vuestro puterío pertenezco a la cofradía de San Amoldo, patrón de los cornudos, de la cual ningún hombre que tenga mujer creo que pueda escapar, por mucho que la guarde y vigile y aunque tuviera mil ojos. Todas se dejan montar, de modo que no hay guardia que valga. Y si ocurre que el hecho no se consuma, no será porque a ella le falte voluntad para desquitarse si puede, porque siempre arden en deseos."[iii]

Sin haber agotado todo lo que tenía que decir en contra del género femenino, agrega un poco más en lo que es el matrimonio, sin embargo esta parte más que ser ofensiva es más bien graciosa; ésto por las situaciones que narra de cómo ven los hombres el matrimonio. Más adelante, habla de la infidelidad y le da consejos al poeta de cómo no ser descubierto cuando se es infiel, no obstante siempre existe el riesgo de  ser descubierto, así que también le aconseja cómo verse libre de sospechas. Me parece increíble cómo es que ya desde la Edad Media los hombres no sólo encontraran las formas de cometer adulterio, sino también cómo conseguir que la mujer caiga nuevamente en el juego del amor. En el caso de que no pudiera conseguir que la mujer le creyera, entonces se debe hacer lo que hasta ahora muchos hombres siguen poniendo en práctica. 


"Si ella le acosa y sonsaca tanto que al fin él se ve obligado a reconocer su nuevo amor, y no encuentra otro medio de defenderse, entonces él debe, si puede, hacerle comprender como sea que lo hizo contra su voluntad, que la otra le pegaba tanto y le incordiaba de tal manera que él no pudo evitar hacer con ella esa danza, pero que no sucedió más que aquella vez. Jure al punto, y asegure y prometa, que nunca más se repetirá; que se va a comportar tan lealmente que, si ella vuelve a oír una sola palabra del asunto, puede tomarla por falsa o insensata; que él preferiría que la otra pereciese ahogada, por desleal y renegada, antes que volver a encontrarla en el mismo lugar que la primera vez; y que si esa mujer le manda recado, jamás volverá a hacer caso a su petición, ni permitirá que ella acuda a él, si puede evitarlo. En ese punto debe abrazar a su amada, besarla, acariciarla y mimarla, y pedirle perdón por la falta, que nunca se volverá a repetir, ya que él está verdaderamente arrepentido y presto a cumplir la penitencia que ella desee mandarle para merecer su perdón. Hágale de nuevo el acto del amor si ansia ser perdonado."[iv]
Después de leer esto, podemos estar seguros que entre el primer autor y el segundo se abre un gran abismo, mientras el primero narraba de un modo sutil, el segundo lo hace de una manera sarcástica. Pero dejemos a un lado la conversación de Amigo con el poeta, toca el turno a Riqueza quien custodiaba la entrada al castillo construído por Celos, Riqueza le habló de Hambre, pobreza, entre otros personajes; el poeta siguió su camino después de hablar con ella, después de que el dios de Amor le había impuesto tantas penas de pronto se le apareció pidiéndole cuentas de lo que ha hecho hasta ahora, si en realidad ha sido un buen vasallo, el poeta lo convence de serlo y por ello le cumplirá el deseo de volver a estar con Dulce Albergue. Para ello convoca a todos los suyos e inicia una lucha para tomar el castillo.


Al final Jean de Meun, cuenta la historia de Pigmalión y la escultura que hizo, de la que se enamoró perdidamente y por la que llegó a volverse loco; de la misma manera en que el poeta amaba la rosa, así pues con el dardo que Venus tira envuelto en llamas al castillo, de ese modo los que lo custodiaban salieron huyendo y así rescataron a Dulce Albergue, quien le concedió al poeta el don de la rosa. Entonces, el poeta despierta de ese sueño, porque hemos de recordar que todo lo que sucede fue sólo un sueño.











Bibliografía


Guillaume de Lorris, Jean de Meun. Le Roman de la Rose. [Traducido por Carlos Alvar y Julián Muela] Madrid, Ediciones Siruela, 1986, 387p.










[i] Guillaume de Lorris, Jean de Meun. Le Roman de la Rose. Traducido por Carlos Alvar y Julián Muela. Madrid: Ediciones Siruela, 1986, p. 107.
[ii] Ibíd. p. 149.
[iii] Ibíd. p. 175.
[iv] Ibíd. pp. 184-185.

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