jueves, 10 de marzo de 2011

Galileo Galilei: contra Aristóteles

Galileo Galilei nacido en 1564 Arcetri (Italia) y muerto en Florencia en 1642, fue físico y astrónomo italiano. Fue el primogénito de Vincenzo Galilei. En 1574 la familia se trasladó a Florencia, y Galileo fue enviado un tiempo al monasterio de Santa María di Vallombrosa, hasta que, en 1581, su padre lo matriculó como estudiante de medicina en la Universidad de Pisa. Pero en 1585, tras haberse iniciado en las matemáticas fuera de las aulas, abandonó los estudios universitarios sin obtener ningún título, aunque había adquirido gusto por la filosofía y la literatura. En 1589 consiguió una plaza, mal pagada, en el Estudio de Pisa. Allí escribió un texto sobre el movimiento, en el cual criticaba los puntos de vista de Aristóteles acerca de la caída libre de los graves y el movimiento de los proyectiles. En 1592 pasó a ocupar una cátedra de matemáticas en Padua e inició un período de su vida científica: se ocupó de arquitectura militar y de topografía, realizó diversas invenciones mecánicas, reemprendió sus estudios sobre el movimiento y descubrió el movimiento del péndulo. En 1599 se unió a la joven veneciana Marina Gamba, de quien se separó en 1610 tras haber tenido con ella dos hijas y un hijo. En julio de 1609 visitó Venecia y tuvo noticia de la fabricación del anteojo, a cuyo perfeccionamiento se dedicó, y con el cual realizó las primeras observaciones de la luna. También es en esta fecha cuando publica sus descubrimientos en un breve texto, El mensajero sideral, que le dio fama en toda Europa.

En 1611 viajó a Roma, donde el príncipe Federico Cesi lo hizo primer miembro de la Accademia dei Lincei, fundada por él, y luego patrocinó la publicación (1612) de las observaciones de Galileo sobre las manchas solares. Pero el contenido copernicano contenido en el texto provocó una denuncia ante el Santo Oficio. En 1616, tras la inclusión en el índice de libros prohibidos de la obra de Copérnico, Galileo fue advertido de que no debía exponer públicamente las tesis condenadas.

Su silencio no se rompió hasta que, en 1623, alentado a raíz de la elección del nuevo papa Urbano VIII, publicó El ensayador, donde expuso sus criterios metodológicos y, en particular, su concepción de las matemáticas como lenguaje de la naturaleza. La benévola acogida del libro por parte del pontífice lo animó a completar la gran obra con la que pretendía poner punto final a la controversia sobre los sistemas astronómicos, y en 1632 apareció, finalmente, Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo; la crítica a la distinción aristotélica entre física terrestre y física celeste, la enunciación del principio de la relatividad del movimiento, así como el argumento del flujo y el reflujo del mar presentado (erróneamente) como prueba del movimiento de la Tierra, hicieron del texto un verdadero manifiesto copernicano.

El Santo Oficio abrió un proceso a Galileo que terminó con su condena a prisión perpetua. Allí transcurrieron los últimos años de su vida, ensombrecidos por la muerte de su hija Virginia, por la ceguera y por una salud cada vez más quebrantada. El análisis de Galileo sobre el movimiento, sentó las bases físicas y matemáticas sobre las que los científicos de la siguiente generación edificaron la mecánica física[1].


En referencia al texto Sobre los fenómenos en la órbita de la luna, Galileo expone en un primer momento que, entre filosofar y estudiar filosofía hay exactamente la misma diferencia que entre el dibujar del natural y copiar dibujos. Porque para adquirir un buen estilo en el dibujo, es bueno comenzar a reproducir los buenos dibujos hechos por artistas excelentes, de modo que posteriormente se pueda dibujar de forma origina; lo mismo sucede con el buen filosofar, es útil ver y observar las cosas investigadas ya por otros filósofos, en particular las verdaderas y ciertas, y son tan parecidas porque, así, como aquel que no llegase jamás a pintar del natural, sino que copiase continuamente dibujos, no podría llegar a ser perfecto pintor, ni buen crítico en pintura, porque se quedaría encerrado en otros “no creo que tuvieseis por buen pintor a uno que hubiese adquirido una gran familiaridad en los cartones y cuadros de los pintores”[2]. Sucede igual con aquel que se ocupase siempre y gastase sus fuerzas en los escritos de otros, sin ver nunca las obras de la naturaleza, sin reconocer las verdades encontradas y sin investigar algunas que quedan por descubrir, porque éste no será jamás un gran filósofo, sino tan sólo un estudioso y práctico en los escritos de filosofía de otros.

El ensayador

Aquí, expone que la filosofía está escrita en ese grandísimo libro que está abierto continuamente ante los ojos, es decir, el universo, pero no puede ser entendido, si antes no se aprende a entender la lengua en los cuáles está escrito, está lengua es la matemática, cuyos caracteres son triángulos, círculos, y otras figuras geométricas, sin los cuales es imposible humanamente una palabra. Por eso, cuando mencionamos: el movimiento es causa de calor, parece no ser verdadero, porque a lo que nosotros llamamos calor, forma un concepto muy alejado de la verdad al creerse que es un verdadero accidente, alteridad y cualidad que reside en materia, y decimos esto, porque sentimos que se calienta; sin embargo, el calor no puede ser percibido como alteridad, ya que lo que llamamos calor, es aquello que produce en nosotros y nos hace sentir calor de una u otra manera y esto es el fuego. Por tanto, cuando digo que bien siento, estoy diciendo que concibo una materia o sustancia corpórea terminada o figurada con esta o aquella figura y que ni siquiera por un esfuerzo de la imaginación puedo separarla, en cambio decir, que deba ser blanca o roja, amarga o dulce, no hace referencia a que sienta que mi mente sea forzada a tener que conocerla acompañada de una materia corpórea.

Ante lo antes dicho, dice que, los sabores, olores y colores que para el sujeto informan algo, no son otra cosa que puros nombres, que residen en el cuerpo sensitivo. Porque una vez, suprimidos los oídos, la lengua, la nariz, que son los sentidos, quedan las figuras, los números, y los movimientos “los sujetos externos no tiene verdaderamente más existencia que en nosotros, y fuera de nosotros no son más que nombres”[3].

Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, Tolomeico y Copernicano

En este apartado, comienza con una pequeña introducción, en el cual, se señala que la distinción entre el hombre y el animal, por muy grande que sea, puede hacerse también entre los hombres mismos y esto es, por la habilidad diversa de los entendimientos en cada uno de los hombres, y ese entendimiento es precisamente ser o no filósofo “la filosofía, como alimento propio de aquellos que pueden nutrirse, separa en efecto, del común de ser vulgo, en un grado más o menos digno o excelente, conforme a la variedad de ese alimento”[4].

Ante lo antes dicho, ahora se comienza un diálogo entre tres interlocutores, que son Salvati, Sagredo y Simplicio. En un primer momento Simplicio defiende a Aristóteles, diciendo que para hablar de Aristóteles primero hay que entenderlo bien, y después ponerse a contradecirlo. Esto lo dice, porque Salvati investiga algunas verdades: en un primer momento, señala la lógica, en el cual dice que es el órgano con el cual se filosofa; pero, así como puede suceder que un artífice sea excelente en el fabricar órganos, pero incapaz de tocarlo, así puede suceder con un gran lógico.

Salvati continúa, de modo que propicia a Simplicio un argumento contra Aristóteles diciendo que nosotros contamos en nuestro tiempo con accidentes y observaciones nuevas, y si aún viviera Aristóteles, no dudaría que cambiaría de opinión, y lo dice porque mientras Aristóteles escribe, piensa que los cielos son inalterables, porque no ha visto ninguna cosa generarse o disolverse, con esto, da explícitamente a entender que cuando él hubiese visto uno de esos accidentes, habría pensado lo contrario y habría antepuesto, la experiencia sensible al discurso natural. Ante esto Simplicio responde que, Aristóteles puso su principal fundamento en el razonamiento a priori, demostrando la necesidad de la inalteridad del cielo por sus principios naturales y esto mismo, después lo estableció a posteriori; por los sentidos y por la tradición de los antiguos. Sin embargo, Salvati, no cree que ese método sea con el cual Aristóteles haya investigado, pues se manifiesta que siempre procuró estudiar por la vía de los sentidos, de la experiencia y de las observaciones, pues aunque el razonamiento a priori precediese al sentido a posteriori, o al revés, es bastante claro que el mismo antepone la experiencia sensible a todos los razonamientos “firme y decisiva es su doctrina que la que sostiene que el cielo es inalterable, pero filosofaríais más aristotélicamente diciendo: el cielo es alterable, porque lo muestran los sentidos...porque su conocimiento le resulta difícil a causa de la lejanía de los sentidos”[5], por tanto nosotros podemos tratar el cielo y el sol con más seguridad que Aristóteles. Ante esto, Salvati pide a Simplicio que no tema sus caídas, y que se dé cuenta que es vano el pensamiento de quien crea introducir una filosofía nueva reprobando a este o aquel autor: sino que hay que aprender antes a regenerar los cerebros humanos y hacerlos aptos para distinguir la verdad de la falsedad, cosa que sólo Dios puede hacer. Añade Sagredo, hacer que a la capacidad humana la medida de todo lo que pueda y sepa hacer la naturaleza, es no haber entendido nunca nada.

Concluye Salvati diciendo, que aquellos que más sabios son y más conocen, confiesan libremente saber poco, tal es el caso de Sócrates sapientísimo sobre los demás hombres, cuya sabiduría reconoce es limitada; y conoce que él no sabe nada por comparación con la sabiduría absoluta “bien conocía Sócrates que su sabiduría limitada era nada en comparación con la infinita”[6]. Por esto, señala Salvati, que el modo como conoce Dios la infinitas proposiciones, es más excelente que el nuestro, ya que nosotros podemos conocer y entender bien las cosas naturales, pero no las inteligibles y las infinitas, que Dios las conoce de un simple mirada “el entendimiento divino los recorre, como la luz, en un instante, que es lo mismo que decir que los tiene siempre presentes”[7].

Con lo anterior, Salvati no dice, que no por eso ya no se deba oír o estudiar a Aristóteles, sino todo lo contrario, alaba el que se lea y se estudie diligentemente: sólo censura que se crea a ciegas toda afirmación suya, sin buscar la razón y se tome el nombre de filósofo cuando se estudia a éstos “cuando queráis seguir con ese modo de estudiar, deponed el nombre de filósofo, y mejor llamaos historiadores, o doctores de memoria: que no está bien, que los que nunca filosofan usurpen para sí el honorable título de filósofo”[8].

Bibliografía

Galilei, Galileo, Sobre los fenómenos en la órbita de la luna, en Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento, BAC, Madrid, 1990, págs. 527-538.



[1]Ruiza, Miguel, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/galileo.htm, el 10 de marzo de 2011.

[2]Galilei, Galileo, Sobre los fenómenos en la órbita de la luna, en Fernández, Clemente, BAC, Madrid, 1990, § 1125.

[3]Galilei, Galileo, El ensayador, Fernández, Clemente, BAC, Madrid, 1990, § 1132.

[4]Galilei, Galileo, Diálogo sobre los máximos sistemas del mundo, Tolomeico y Copernicano, Fernández, Clemente, BAC, Madrid, 1990, § 1133.

[5]Ibídem, § 1139.

[6]Ibídem, § 1143.

[7]Ibídem, § 1149.

[8]Ibídem, § 1150.

3 comentarios:

  1. Interesante el tema sobre Galileo, toca temas muy variados y que repercutirán en los tiempos venideros. Al parecer en este análisis se puede entender que Galileo llega a introducir le cientificismo como método filosófico y a expresar su opinión acerca de cómo debe de ser la actitud de un buen filósofo. Así mismo, cae en un cierto objetivismo al determinar que sólo lo que se observe en la naturaleza puede ser verdadero, al igual, que acepta un cierto nominalismo.

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  2. Me agrada tu aportación entorno a la figura de Galileo. Ha sido muy interesante la perspectiva filosófica que maneja en relación con el cosmos y la dinámica propia de éste. Sin duda, Galileo marca un hito en la historia con su trabajo comprometido con la ciencia, pero sobretodo, con su visión filosófica y la manifestación de su pensamiento, además de su audacia para afrontar a la Institución reinante.

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  3. Muy interesante tu aporte sobre la vida de galileo y sobre esta obra en particular. La visión de la filosofía es muy puntual y concuerdo en muchos puntos. Pero, no das un análisis de los personajes, Salvati, Sagredo y Simplicio. Por el puro nombre y por lo que escribes creo que dice mucho que personaje es que, el salvado, el que se apega al canon y el simple. ¿es así?

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