martes, 10 de abril de 2012

La filosofía del lenguaje de Anselmo de Canterbury


La filosofía medieval, como otras filosofías, comparte la característica de tener diversas etapas temporales en las que se dedicaba un espacio al estudio de ciertos tópicos. Es en el siglo XII cuando la filosofía medieval empieza por interesarse en el estudio de una filosofía del lenguaje de una manera más decidida, se comienza a dar una importancia mayor a la relación de la gramática con la lógica. Una de las principales pretensiones era “compaginar el lenguaje, que es artificial y convencional, con la naturaleza de las cosas”[1]. Esta pretensión provocó que muchos filósofos y teólogos se dedicaran al estudio del tema, dando así inicio a uno de los grandes debates de la filosofía medieval.

Y uno de esos filósofos, fue Anselmo de Canterbury (Aosta, 1033 - Canterbury, 1109) que se convierte en uno de los filósofos más importantes en la época del pensamiento medieval. En principio su aportación resulta importante para intentar resolver el problema de los universales (que en este momento no nos detendremos a detallar), y toda la discusión sobre lógica que acontecía por aquella época. En la que los teólogos místicos debatían contra los filósofos-dialécticos. Disputas que terminaron en importantes aportaciones para la lógica y la epistemología de la época generadas por ambas partes.  

Anselmo, por su lado, colabora con el uso de la lógica aplicada al lenguaje, una de sus primeras aportaciones fue formular una diferencia entre el lenguaje, distinguiendo dos tipos de este: “hay un lenguaje interior y otro exterior, uno pertenece a la inteligencia y otro con el cual se expresa éste de una manera física (oral o escrita)”[2], o sea que más que   interesar las palabras en sí mismas interesa lo que expresan, la palabra (inteligencia exterior) necesita ir en conjunto la inteligencia interior. La filosofía del lenguaje de Anselmo siempre apeló por la relación de un término, de una palabra, con una cosa real, buscando una relación en cuanto a  su esencia. En el pensamiento de Anselmo se puede notar la influencia aristotélica que podemos tomar como ejemplo la defensa de Anselmo al libro de Las categorías  de Aristóteles,  donde Anselmo menciona que Aristóteles no busca hablar de la apelación de los términos, “la apelación es la referencia o denotación, esto es, la relación del término con una cosa existente o concreta”[3], o sea Aristóteles no busca  aquello a lo que los términos se refieren. Sino lo que estos términos significan. 

Pero esta significación también se subdivide en dos: directa e indirecta. La directa es substancial  a las mismas palabras significativas; mientras que la directa es accidental, porque, cuando se dice en la definición del nombre o de la palabra que es una voz significativa, hay que entenderlo que es significativa directa. 

Así pues el apelativo y la significancia fueron el primer esbozo de la reflexión filosófica en el pensamiento de Anselmo. Su significación inmediata aplicada a los sustantivos y los adjetivos, y su relación con la aplicación y la apelación. Estas primeras reflexiones filosófico-lingüísticas fueron el inicio de una lógica que significo una de los primeros avances más importantes  para la semiótica medieval. Así entonces, Anselmo se distinguió como uno de los dialécticos más importantes de la época, aunque como menciona Mauricio Beuchot fue más bien un anti-dialéctico, “en el sentido de resaltar la fe por encima de la filosofía”[4], era algo así como un detractor de la dialéctica atacando con la dialéctica misma.


[1] Beuchot, Mauricio, La filosofía del lenguaje en la Edad Media, UNAM, México, 1991,  p. 39.
[2] Ibid, p.41.
[3] Ibid, p.42.
[4]Ibid, p.40.

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