jueves, 2 de junio de 2011

Guillermo de Ockham: Distinciones sobre el uso de la filosofía y la teología.

Guillermo de Ockham nació hacia el año 1280 en el pueblo de Ockham, cerca de Londres. Se ha dicho que es la última gran figura de la escolástica y al mismo tiempo la primera figura de la modernidad. Escribió varios libros como Opus nonaginta dierum; Tractatus contra Benedictus XII; Exposición sobre los libros de Física de Aristóteles; Expositio Aura. Aunque su obra fundamental es el Comentario a las sentencias. A continuación se presentan algunas de sus ideas respecto a la filosofía y la teología.

Ockham era filósofo y teólogo, pero siempre se cuidaba de no confundir ni mezclar ambos campos, que consideraba totalmente distintos. Él no estaba de acuerdo con la relación entre filosofía y teología, o entre fe y razón. Un ejemplo es lo que significaba para la razón y la filosofía el afrontar el problema de las verdades reveladas. Para él, si algunas verdades reveladas se pudieran adquirir racionalmente, su revelación sería inútil. Si se han dado estas revelaciones de verdades por parte de Dios, es porque el hombre no puede lograrlas por sí sólo. Si el hombre hubiera sido creado en condiciones de encontrar una verdad por sí mismo, sería inútil que se la ofreciera por otro camino. Pero no por esto deben ser aceptadas como verdades demostrables. Un teólogo puede presentar todas las proposiciones que quiera como objetos de fe, dado que se fundan en una revelación, pero no puede admitirse que dichas proposiciones se transformen en verdades demostrables. Se debe tener claro que los campos de la filosofía y teología son distintos. Por eso es que el filósofo no debe apoyarse en la teología para sus demostraciones racionales. Del mismo modo, el teólogo hará bien en prescindir de la ayuda de la metafísica y antes bien, considerarla como algo pernicioso.

La separación entre teología y filosofía no significa que desertara de dar razón filosóficamente de Dios. Su postura es la siguiente: “no se puede saber con evidencia que Dios existe”[1]. Y aunque atacó todas las pruebas clásicas de la existencia de Dios, no negó que se pudiera dar un argumento probable de su existencia. Lo que si negaba rotundamente era la posibilidad de demostrar filosóficamente la existencia de Dios, como ser absolutamente supremo y el primero en la jerarquía de las primacías de la causa eficiente, eminente, final, motriz y teleológica. Respecto a la potencia de Dios, decía que es ilimitada en cuanto que puede hacer todo aquello que es posible. Pero la potencia absoluta sólo “puede hacer todo aquello que no implica contradicción”[2] Sólo es imposible para Dios, hacer aquello que implica contradicción. Esta afirmación es igualmente imposible de demostrar desde un punto de vista filosófico, ya que es una verdad que nos llega por revelación. Ockham no niega la utilidad de la filosofía o la teología, sino que establece en que casos y hasta donde es lícito hacer uso de sus argumentos.

Bibliografía

Ockham, Guillermo de, en Merino, José Antonio, Historia de la filosofía medieval, BAC, Madrid, 2001, p. 300-309.



[1] Ockham, Guillermo de, en Merino, José Antonio, Historia de la filosofía medieval, BAC, Madrid, 2001, p. 306.

[2] Ibid, p.307.

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