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martes, 24 de enero de 2012

San Agustín, Confesiones, Libro II

San Agustín en este libro, pretende recordar las caídas que cometió en su juventud, las corrupciones carnales de su alma. Él las escribe no porque las ame o se sienta orgulloso de haberlas cometido, sino que las pone aquí por un ideal más alto, el amor a Dios, para saborear las delicias no engañosas de Él, delicias felices y seguras.

Dice San Agustín que el “poderío de Dios esta muy cerca de nosotros, hasta cuando nosotros estamos lejos de Él,”[1] por lo cual Dios continua llamándonos en cada instante, incluso en los momentos en que nosotros nos hacemos sordos a su voz. Y cómo escuchar esa voz de Dios, una respuesta que nos comparte Agustín consiste en que, “Es bueno para el hombre no tocar mujer,”[2] ya que quien no lo ha hecho, piensa en las cosas de Dios y en agradarlo sólo a Él.

Agustín escribe que cuando tenía dieciséis años de edad, sus estudios se vieron interrumpidos debido a la falta de recursos. Libre así de la escuela, permaneció con sus padres, fue entonces el momento en donde “las espinas de las pasiones se elevaron por encima de mi cabeza, sin que hubiese allí una mano para arrancarlas.”[3] En ese tiempo Agustín se hizo de varios amigos, y durante el tiempo en que convivía con ellos sentía vergüenza de él, pues ellos alababan las villanías que habían cometido, y entre más infames fueran, más las glorificaban, por lo tanto, Agustín por temor a los reproches, se volvió vicioso junto con ellos, e ingeniaba crímenes que no había cometido, para así igualarse a ellos, y no ser relegado del grupo.

Los nuevos amigos de Agustín lo hacían que se dispersara a voluntad de mil pasiones, “el enemigo invisible me hacia caer a sus pies, y me seducía, a mí, tan fácil de seducir.”[4] Agustín por incentiva de sus amigos es inducido a robar, y él lo realiza, pero no roba empujado por la necesidad, ya que de lo robado él tenía en abundancia y de mejor calidad, roba simplemente por el gusto del robo mismo y del pecado, del que él quería gozar.

Lo anterior hace caer a Agustín al pecado, gracias a una “… inclinación desordenada hacia bienes que son de calidad inferior, abandonando bienes mejores y más altos, como tu Señor, nuestro Dios.”[5] Aunque Agustín cometió ese pecado y más en la juventud, cuando se ha convertido termina amándolos junto con sus amigos, que lo ayudaron a cometerlo, porque sólo así, fue apto de experimentar la misericordia y el amor de Dios, y de dar gracias exaltando su santo nombre, por haberle perdonado tantos actos malos y criminales.

Los actos que cometió Agustín en su adolescencia son realmente puntos clave para encontrarse con el gran amor misericordioso de Dios, “He desertado lejos de ti, he ido errante, Dios mío, demasiado lejos de tu apoyo,”[6] pero son precisamente esos actos que cometió en el pasado, lo que en un futuro le permitirán acercarse a Dios más plena e íntimamente. A manera de conclusión de esta lectura, infiero en que realmente todo lo que cometemos, tiene un significado más alto, una razón última que debe ser descubierta por medio de la reflexión y el diálogo interior con uno mismo, lo que realizamos va más allá del simple fenómeno.

El pecado en algunas ocasiones es un medio para poder experimentar existencialmente la gracia y el amor de Dios.

 

Bibliografía.

San Agustín, Las Confesiones, Barcelona, Editorial Juventud, 1968, pp. 360.


[1] San Agustín, Las Confesiones, Barcelona, Editorial Juventud, 1968, p. 40.

[2] Idem.

[3] Ibidem, p. 42.

[4] Ibidem, p. 43.

[5] Ibidem, p. 45.

[6] Ibidem, p. 50.

miércoles, 12 de enero de 2011

San Agustín; El mal en sus primeros años.


Trataremos de exponer la visión de San Agustín, a través del análisis de los dos primeros libros de su obra Confesiones. En esta obra, que en gran parte es un escrito autobiográfico, veremos la interacción de el santo con Dios y como Agustín se aleja de Dios. Aunque también en este libro San Agustín expone su pensamiento, filosofía y teología, por lo que también haremos un análisis de estos. Buscaremos percatarnos de como vivía la experiencia de Dios en sus primeros años de vida y su reflexión ya con la experiencia de los años al respecto.

Intentaremos comprender la finalidad de esta obra maestra del santo y padre de la Iglesia. Viendo lo que el santo describe y lo que obvia, los datos que le parecen importantes y los que deja a un lado. Reparando en que esta no es una obra autobiográfica, o sea, su fin no es relatar su vida, sino es mostrar su encuentro con Dios para que otros puedan seguir su camino.

Comenzaremos por exponer su vida que, como hemos dicho, es una parte muy importante de la obra a analizar. Sin embargo daremos algunos detalles biográficos que el santo no menciona, por no considerar pertinentes a la obra.

Aurelio Agustín, como se llamaba San Agustín, nació el año 354 en Tagaste, una ciudad del norte de África, que en aquel entonces era una provincia romana. Su padre era un pagano de nombre Patricio, y su madre que se llamó Mónica, era cristiana y llegó a la santidad al igual que su hijo. Ella ejerció en San Agustín una marcada influencia que se puede ver a lo largo de la vida de este último. Agustín de Hipona, pasó su niñez y adolescencia entre Tagaste y Cartago. Fue un joven “de temperamento ardiente, opuesto a toda clase de frenos, llevó en este período una vida desordenada y disoluta, de lo cual se acusó ásperamente en las Confesiones.[i] De estos datos sólo expone los de sus actos y no relata en la obra explícitamente a sus padres, ni los antecedentes autobiográficos que aquí exponemos, por lo que se ve que su obra no es pensada como una autobiografía.

En sus escritos, pero principalmente en esta obra, podemos degustar las palabras del santo, que nos hace transparente toda su vida, principalmente sus errores y fallas ante Dios y los hombres. Escribe con transparencia sobre sus faltas y nos podemos identificar con él en ellas. Habiendo sido San Agustín un hombre de su tiempo, metido en lo mundano, llega a la santidad y nos abre este camino a los demás que hemos caído en el pecado.

Para esto nos expresa un amplio análisis sobre sí mismo y sobre las motivaciones y circunstancias que lo llevaron a alejarse cada vez más de Dios. Devela los trucos del pecado y cómo cayó en él y sabiendo que fue lo que lo condujo podemos nosotros evitar esas tentaciones.

Así mismo nos narra su experiencia de Dios. En los capítulos iniciales hace un recuento de su vivencia y conocimiento de Dios, siendo Él el creador de todo, el Infinito, el que es infinitamente misericordioso, lleno de amor. Y nos da así una imagen viva y esplendida de Dios.

Por esto, en la primera parte de Confesiones San Agustín hace primero una alabanza a Dios: “Grande eres, Señor, e inmensamente digno de alabanza;”[ii] Debido a que ya a la edad que escribe este libro reconoce como Dios obró en su vida y como San Agustín se fue alejando. Para San Agustín Dios es lo primordial en la vida de los hombres e incluso desde la concepción y su nacimiento él se preocupa por los pecados que pudo haber cometido a esa corta edad, ya sea por los recuentos que escucha de su infancia, como por la observación de otros infantes.

Sin embargo, le parece oportuno plasmar estas confesiones o confidencias de su pasado para demostrar su amor por Dios, pero más importante el amor de Dios para con él. “Lo hago por amor de tu Amor, recordando en la amargura de una revivida memoria mis perversos caminos y malas andanzas.”[iii] Sintiendo como por medio del amor Dios nos libera de ellos si somos sinceros y admitimos frente a Dios nuestros pecados con un sincero arrepentimiento. “Señor: ¡ay del hombre y de sus pecados! Cuando alguno admite esto tú te apiadas de él.”[iv] Se ve en esto la clara visión teocéntrica que tiene y expresa la dualidad del hombre, que es creado para el bien, pero que escoge el mal.

En esta obra, Confesiones, Agustín de Hipona se representa cometiendo varios pecados o faltas. “Y sin embargo pecaba yo, oh Dios [...] Pecaba obrando contra el querer de mis padres.”[v] Estas faltas van desde plantear se debiera acusarse de gula siendo un lactante que exigía la leche, hasta por leer las tragedias griegas y obras de ficción que solo le daban entretenimiento. “Pecaba yo pues entonces, siendo niño, cuando prefería las ficciones a las letras útiles que tenía en aborrecimiento.”[vi]

Sus transgresiones continúan con la lujuria y la concupiscencia y culminan con el robo, que hace por el gusto de robar y no por necesidad. Y en este último punto San Agustín hace un análisis profundo de por que el hombre se encamina al mal. Aquí Explica que la búsqueda de un bien pasajero, por lo que se pretende conseguir con esto es lo que encamina al hombre al mal.

Sigue Agustín de Hipona exponiendo los diferentes pecados capitales, como la soberbia, la lujuria, la pereza y demás. En ellos primero expone lo que puede ser bello o llamativo al hombre, por ejemplo la soberbia dice que se asemeja o imita a la excelencia y por eso los hombres la buscan, para llegar a ser alabados y exaltados, y parecerse en eso a Dios.[vii] Sin embargo, luego enumera las razones por las cuales no es bueno y denota como la belleza que al principio aparentan estos pecados se torna efímera y desvanece.

Con todo, el hombre sigue cayendo en las trampas del pecado haciendo que este se aparte cada vez más de Dios. Y en esto San Agustín se usa de ejemplo “Me derramé y vagué lejos de ti, mi Dios, muy alejado de tu estabilidad, en mi adolescencia. Me convertí para mí mismo en un desierto inculto y lleno de miseria.”[viii] Pese a esto, en el mismo capítulo nos narra como Dios es la esperanza y el gozo, como el que encuentra a Dios encuentra el Sumo Bien y la saciedad, la tranquilidad y la hermosura.

En todo esto, San Agustín admira el plan de Dios y ve como aún cuando se alejaba de Él, Dios no lo abandona y lo instruye. “Sírvate [sic] pues, Dios y Señor mío, cuanto de útil aprendí siendo niño; y sírvate [sic] cuanto hablo, escribo, leo o pongo en números. Porque cuando aprendía yo vanidades, tú me dabas disciplina y me perdonabas el pecaminoso placer que en ellas tenía.”[ix] En esto ve la misericordia de Dios y como lo va preparando para ser pastor de su pueblo. Dios, según Agustín, no castiga aun cuando el hombre se lo tenga merecido. Incluso desde su primera infancia, San Agustín se ve como merecedor del castigo divino, pero reconoce la misericordia de Dios que aún habiendo acumulado un sinnúmero de pecados, no recibe ningún castigo más que el alejarse de Dios que es la felicidad y la paz.

Como pudimos observar, aunque la obra trata principalmente de los hechos en la vida de San Agustín, lo que el santo quiere exponer es su ideología y el amor y misericordia de Dios. Así mismo al exponer sus fallas, trata de que los demás puedan escarmentar en cabeza ajena y evitar caer en ellas. Esta obra no debe ser tratada, por lo tanto, como una mera autobiografía, sino que es la biografía de cada hombre, de cualquier hombre, que se encuentra con Dios después de huir de él y de buscar los placeres mundanos y la alabanza terrena. Y como por medio de la misericordia de Dios este hombre encuentra el perdón, y el gozo de estar con Dios.

Por esto los invito a que hagan una lectura profunda y meditada sobre esta obra de San Agustín, confrontando su propia vida y su experiencia de Dios con la de este santo, que fue más pecador y más atraído a lo mundano que lo que cualquiera de nosotros podría ser.


BIBLIOGRAFÍA

Abbagnano, Nicolas, Historia de la Filosofía, Vol I, 4ta ed., Barcelona, Ed. Hora, 1994.

Agustin de Hipona, Confesiones, Buenos Aires, San Pablo, 2006.

[i] Abbagnano, Nicolas, Historia de la Filosofía, Vol I, 4ta ed., Barcelona, Ed. Hora, 1994, p. 274

[ii] Agustin de Hipona, Confesiones, Buenos Aires, San Pablo, 2006, Libro I, Cap. I, §1.

[iii] IDEM Libro II, Cap. I, §1

[iv] IDEM, Libro I Cap.VII , §1

[v] IDEM, Libro I Cap. X

[vi] IDEM, Libro I, Cap. XIII, §4

[vii] cfr. IDEM, Libro II, Cap. VI, §2

[viii] IDEM, Libro II, Cap. X

[ix] IDEM, Libro I, Cap. XV, §2