Mostrando entradas con la etiqueta elogio de la locura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elogio de la locura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de febrero de 2012

Erasmo de Rotterdam: algunos escritos


Desiderio Erasmo de Rotterdam, originalmente llamado Gerardo, cambia su nombre por el que actualmente se le conoce, que significa (en latín y griego) lo que se desea. Sobre su fecha y lugar de nacimiento se tienen algunas dudas, aunque se le ubica entre 1466 y 1469, en Holanda, su muerte se conoce fue en Basilea en 1536. Hombre interesado en las letras, en el griego y en el latín. Ingresa en el seminario y es ordenado sacerdote, situación que dejará posteriormente bajo la dispensa de las órdenes sagradas. Por mucho tiempo se dedicó al profesorado Oxford. Amigo de Tomás Moro a quien dedica su obra  Elogio de la locura. En contra del pensamiento de Lutero escribe su obra Sobre el libre albedrío. En general se le conoce por su pensamiento humanista.
En esta ocasión presento el reporte de dos lecturas: la primera se trata de una antología textos y la segunda es propiamente el escrito de Erasmo de Rotterdam Elogio de la locura. En la antología encontramos la referencia a fragmentos de tres escritos de Erasmo, a saber, La guerra es grata a los inexpertos, Elogio de la locura (el cual abordaré cuando haga referencia a la segunda lectura)Educación del príncipe cristiano.
En La guerra es grata a los inexpertos se descubre una especie de defensa a la naturaleza del hombre y en ella a la paz, idea apoyada quizás por el contexto en el que vivió su autor. Los fragmentos presentados en la antología inician con la premisa de que “Dios ha creado al ser humano no para la guerra sino para la amistad”[1], esto se observa incluso en su nacimiento, siendo el único ser al que no se le haya dado ningún miembro para la lucha, incluso (Erasmo) llegará a afirmar que “sólo el hombre nace en tal estado, que por mucho tiempo depende en todo su ser del auxilio ajeno”.[2] Esto  nos indica que es también el único ser hecho para la amistad, que en palabras de Erasmo fragua y se consolida con la reciprocidad de favores. Concede posteriormente a la Naturaleza haberle dado al hombre algunas cualidades entre ellas el uso de la palabra y la razón, de la cual se deberá servir para “conciliar y fomentar la benevolencia”[3]; le inculcó además la aversión a la soledad y el amor a la amistad; y le otorgó “el afán por conocer las disciplinas liberales y el deseo ardiente de conocer, que así como contribuye a apartar el espíritu humano de todo sentimiento de crueldad, tiene también gran eficacia para granjear amistades”.[4] Todos estos dones que la Naturaleza ha brindado al ser humano muestran su tendencia natural a la paz y a la amistad, no a la guerra De este modo concluye el editor los fragmentos de este texto con la afirmación de Erasmo que dicta que “Dios puso al hombre en el mundo como a una cierta imagen de sí mismo, para que, a modo de una deidad terrestre, velase por el bienestar de todos.
Por lo que concierne al texto Educación del príncipe cristiano, destaca algunos rasgos importantes para aquel que va gobernar, en donde encontramos que lo mas importante es que “albergue los mejores sentimientos hacia Cristo (…) medirlo todo con la regla de los verdaderos males y  los verdaderos bienes, pensando que nada es verdaderamente sino lo que está unido a la iniquidad, y nada verdaderamente bueno sino lo que acompañado de la honestidad”.[5] Posteriormente explica la importancia de no perderse por el afán de poder o de felicidad, pues ésta ultima viene dada sólo por la sabiduría, la integridad y el proceder honesto. Por último explica el por qué de esta educación que otros pensarían es propia de los filósofos, y la justificación que da Erasmo es que “si no se es filósofo, no se puede ser príncipe”,[6] se podrá ser tirano o uno más del vulgo, pero verdadero príncipe no.
En la antología aparece también el Elogio de la locura, sin embargo para este texto me he remitido no a los fragmentos sino al texto completo. “Elogio de la locura es una sátira en llaga viva, en la que la misma locura se burla de la falsa religiosidad y otras ideas y sentimientos enfáticamente mantenidos por aquellos que en realidad los escarnecen: el amor, el patriotismo, la ciencia”.[7]

A manera de discurso la Locura se presenta y se defiende ante un público y después de justificar que es precisamente por ser coherente con su locura que se alaba y canta sus propios méritos en esta presentación, advierte que no es posible definirse a si misma porque sería ponerle límites y ella no los tiene, sin embargo se expresa de sí misma como la “verdadera distribución de bienes”[8]. Y al mismo tiempo en que se defiende a sí misma, ataca a aquellos que se hacen pasar por sabios, pues dice: “los retóricos de nuestros días que se creen pequeños dioses cuando, como la sanguijuela, se sirven de su lengua y consideran como algo maravilloso mezclar, sin pies ni cabeza, en un discurso latino algunas palabras griegas para darle un sentido enigmático”.[9]
Concebida por su madre la Juventud, vio la primera luz en las Islas Afortunadas. Sus seguidores: el Amor Propio, la Adulación, el Olvido, la Pereza, la Voluptuosidad, la Demencia y la diosa de las delicias. Y en cuanto a los bienes que otorga, el primero de ellos es la vida, ya que incluso el mismo Júpiter (Zeus), se disfraza de pobre comediante cada vez que siente deseos de procurar ser padre, además de que si se debe la vida al matrimonio, el matrimonio es producto de la Demencia (uno de sus vasallos). Los dioses mismo recurren a ella, el hombre y la mujer; insiste en que la vida misma con todos sus sufrimientos no tendría sentido sino fuera por ella, es la locura misma la que sostiene las amistades. En cuanto al amor, éste viene por primeramente por el Amor Propio (otro más de los suyos), de ahí incluso viene la felicidad, pues qué es ésta sino estar contento con lo que se es y lo que se tiene, y es el Amor Propio quien regala este beneficio. Las ciencia y las artes no son sino el camino a la infelicidad y la insatisfacción eterna, incluso no son sino aquellas que se refieren al diario vivir las más útiles, a saber de la medicina, la política… Y aunque pudiera parecer contradictorio pero es la locura quien concede la prudencia:
“El sabio con la nariz metida siempre en los libros no aprende más que palabras sutilmente combinadas; el loco por el contrario expuesto continuamente a todos los caprichos de la suerte, aprende, a fuerza de reveses, la verdadera prudencia. Homero ciego como estaba, veía bien claro cuando dijo: “El loco aprende a ser prudente a su propia costa (…) La verdadera prudencia consiste, puesto que somos hombres, en no querer ser más sabios que lo que nuestra naturaleza permite.”.[10]

Dice también, que la sabiduría, la honestidad son propias no de hombres falsos que, llamándose a ellos mismos sabios, manipulan la verdad con las palabras. Hace posteriormente una crítica a los cultos falsos que manipulan el acercamiento a Dios; de las formas de vida ascéticas que no permiten disfrutar de la propia naturaleza…

La conclusión es que la locura es un anticipo de la felicidad eterna, sin embargo sus últimas palabras son:
“Y a propósito, había olvidado que os prometí terminar. Por lo demás, si creéis que he charlado demasiado o se me escapó alguna extravagancia un poco fuerte, no olvidéis, por favor, que es la Locura, y al mismo tiempo una dama la que os ha hablado. Recordad también este proverbio griego: Un loco dice a veces grandes verdades, a menos que penséis que las mujeres forman una excepción en esta regla general. Veo que estáis esperando la perorata final, pero os engañáis del todo si creéis que recuerdo algo de cuanto acabo de deciros. Los griegos decían antiguamente:odio al invitado que tiene demasiada memoria; y yo os digo ahora: odio al oyente que lo recuerde todo. ¡Adiós, pues, ilustres y queridos amigos de la Locura! ¡Aplaudidme, portáos bien y divertíos!”[11]

Bibliografía


Escuela de Filosofía Universidad de ARCIS. «Universidad ARCIS Autónoma.» Universidad ARCIS Autónoma. s.f. http://www.philosophia.cl/ (último acceso: 29 de Febrero de 2012).
Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento, Madrid, Editorial BAC, 1990.
Trazegnies G., Leopoldo de. Biblioteca Virtual de Literatura. 9 de Diciembre de 1999. http://www.trazegnies.arrakis.es/bioerasm.html (último acceso: 29 de Febrero de 2012).



[1] Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento,. Madrid, Editorial BAC, 1990, p. 198.
[2] Ibídem. p. 199.
[3]Ídem.
[4] Ibídem. p. 200.
[5] Ibídem. p. 206.
[6] Ibíd. p. 208.
[7]Rotterdam, Erasmo de, Elogio de la locura, consultado en: Escuela de Filosofía Universidad de ARCIS. s.f. http://www.philosophia.cl/ (último acceso: 29 de Febrero de 2012), p. 4.
[8] Ibídem. p. 6.
[9] Ídem.
[10] Ibídem. p. 20.
[11] Ibídem. p. 67.

jueves, 10 de marzo de 2011

Erasmo de Rotterdam, la guerra contra los inexpertos

Hablar sobre este escrito de Erasmo de Rotterdam, refiere hacer una ubicación en quien se está basando el autor para entender el mensaje de este mismo. Primeramente, habla sobre la cualidad que Dios ha otorgado a las especies como los animales, que sin duda, al hombre lo proveyó de otra forma y de características diferentes, que aparece en el tema La guerra contra los inexpertos. Además, aparece el Elogio de la locura donde muestra lo que sucede y qué puede servir al hombre para una mejor “perseverancia”. Al final, se habla de cómo debe ser la actitud de un cristiano, solo que el le llama La educación del príncipe cristiano.

En primer lugar, expresa que la guerra es grata a los inexpertos porque son ellos quienes deben darse cuenta de lo que Dios ha otorgado como cualidades tanto al hombre como a los animales. Estos últimos, les proveyó de sus propias armas. Nos dice: “a los toros los armó con cuernos para la embestida; a los leones, con su furia y con sus garras...los hay por cuya incolumidad veló por la rapidez como a las palomas, también los hay a quienes dio el veneno como arma ofensiva...”1; y no dejó a ninguno desprovisto porque también concedió armas a los que tienen un aspecto horrible.

Sin embargo, al hombre no le fueron concedidas ciertas armas para protegerse y que se vea como el débil, quien no puede bastarse a sí mismo para proteger su vida, no sabe cuidarse de algún peligro. Ya en su búsqueda implora auxilio del prójimo puesto que “es el único viviente hecho para la amistad, fragua y se consolida con la reciprocidad de favores”2; de esta manera, se hace cargo de su vida. Como no posee un aspecto grotesco ni tosco, fue hecho para inspirar benevolencia y amor, dándonos el ejemplo de que se le fue concedido: “amigables ojos, brazos que se abren, el instinto del beso para unir las almas, la risa como signo de alegría; una voz cuyo tono es amigable y suave”3, con todo esto le conduce a utilizarlo para hacer el bien a los demás.

Además, al hombre se le concedió el uso de la palabra y la razón. Al hacer uso de estas, lo lleva a la comunicación con los demás, no puede omitir su pensamiento y compartir su inteligencia, aspectos que no se concedieron a los animales para que haya benevolencia y no haya violencia. Si la violencia provoca el recelo entre las personas, y no se diga de los animales, el hombre puede verse afectado si cae en la soledad ya que inhibe en sí mismo, el amor y la amistad “a no ser que se esté despojado de todo sentimiento humano y haya degenerado como fiera”4.

Por ultimo, se le concedió el interés y empeño en el conocer, tanto lo que observa a su alrededor. Respecto a la capacidad del hombre para separar lo bueno de lo malo, tiene la gran eficacia para adquirir nuevas amistades. Por si fuera poco, distribuyó las dotes tanto del alma como del cuerpo, una centella de la divina mente para que pueda colaborar en alguna necesidad a los demás. Es, en efecto, “lo más propio y natural de Dios: el mirar a todos con su bondad”5.

En el texto llamado Elogio de la locura, abre una introducción a quienes se ven influenciados a tener un mal significado de esta palabra. Lo que el autor busca en este fragmento, es mostrar que la primera y última que está hablando es la locura misma.

Posteriormente, ella misma se relaciona con la palabra “necedad” para dar firmeza a lo que expresa, es decir, en forma de sátira demuestra que ella posee la verdad, ya que posee la virtud de regocijar a los dioses y a los hombres. Que basta con su presencia para deslumbrar el rostro y cambiar el semblante de tristeza en alegría. Aunque seguir dejando claro que la forma de expresarse va a partir del hombre mismo pues también tiene su grado de locura.

El autor busca transmitir que la locura es sincera, transparente y no hay daño alguno en ella. Lo muestra de esta manera debido a las problemáticas que en este tiempo se suscitaron, ya que estaba en su apogeo el Renacimiento (s. XV) y sus peculiaridades en la política, religión, sociedad, economía.

En el trato que el hombre tiene ante la vida, puede percatarse del cambio que de forma drástica suscita en sí mismo ya que la locura puede intervenir en estas situaciones para dar un resplandor a los sucesos que ofusquen el conocimiento de las cosas. Esto, como ejemplo, se puede ver en un sabio que busca el título de prudente y un necio que ni se preocupa en nada pero que su mismo impulso cosecha la verdadera prudencia6; pues el hombre en el trato con la vida, la locura puede suscitarle valor y vitalidad ante lo que realiza.

Además, nos dice que “todas las cosas humanas tienen... dos caras bien diferentes entre sí”7, respecto a la consideración de la felicidad y la infelicidad. Por una parte, si se ve absorbido por las problemáticas y puede verse en apariencias que puedan cautivar a las personas, como una obra de teatro. Lamentablemente, no puede ocultarse de la situación actual ya que evita mostrar una sola cara y un solo atuendo. Por otra parte, se ve envuelto en la infelicidad mostrando lo contrario, es decir, dos caras diversas, varios atuendos y sonreírle a la vida cuando la situación resulta ser distinta. No se trata de varias apariencias por que no se puede actuar como loco cuando en “esta comedia de la vida no se representa de otro modo”8 y, no toda locura, es un infortunio.

En el último apartado se habla de la educación del príncipe cristiano. Para ir dando una mejor claridad a su texto pone el énfasis en que se debe albergar en el espíritu del príncipe los mejores sentimientos hacia Cristo, para integrar de forma progresiva, sus enseñanzas. Al desglosar el comportamiento que debe adquirir el príncipe, realiza una comparación con el mito de la caverna de Platón, sólo que en la época que se encuentra Erasmo de Rotterdam la relaciona con el vulgo para que el príncipe no permanezca en aquella caverna pensando lo que es malo y lo que es bueno.

Posteriormente, quien sea el educador debe orientarlo a que “ame y acoja a la virtud como la cosa más hermosa y placentera y la más digna de un príncipe”9 por que puede verse afectado y ser atraído en las riquezas, volverse más ambicionado, envolverse en los malos placeres y en lo que se ve rodeado el vulgo, en malas acciones.

Respecto a la virtud que ha resaltado el autor, da claridad a lo que puede (el príncipe) aprender que la fortuna no se mezcla con la dignidad, el prestigio, la majestad de un príncipe porque sólo puede protegerse a través de la sabiduría, la integridad y el proceder honesto10, y reafirma que la longevidad se mide en quien ha vivido más feliz y se observa en su obrar, a quien, por el contrario, vive mucho y no lo es. De ahí que lleve al príncipe a pensar que es mucho mejor la virtud misma como regalo, el mirar el bienestar de su pueblo y evitar ser absorbido por lo que el vulgo realiza y toma como placentero, maravilloso. Simplemente, “hay que medirlo por la sola regla de la honestidad”11.

Siempre quede en el príncipe estas ideas para que fortalezca la virtud en él. Debe llevar a cabo su labor mediante acciones excelentes y rechazar toda corrupción, como la que realizan los torpes al no considerar tan grande honor. En forma contraria, un tirano es “una bestia tal que no hay bajo el sol monstruo tan dañino y aborrecible para todo el mundo”12. Señala esta definición por que existen filósofos que menospreciando las falsas apariencias, va en busca de los bienes y no actúa como tal.

1 Erasmo de Rotterdam, "Guerra contra los inexpertos", en: Fernández, Clemente, Los filósofos del renacimiento, BAC, Madrid 1990. p. 198

2Ibidem. p. 199

3Ibid.

4Ibidem. p. 200

5Ibid.

6Cfr. p. 202

7Ibidem. p. 202

8Ibidem. p. 203

9Ibidem. p. 207

10Cfr. p. 207

11Ibidem. p. 208

12Ibid.