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sábado, 22 de junio de 2013

El diablo en el cristianismo primitivo



Para iniciar este discurso  que se aclare para no tener confusiones con estas similitudes de palabras, las posibles relaciones que uno podría hacer desde un punto de vista no filológico y creer  que como tienen un parecido  una tiene que ver con otra  debido a que  provengan de la misma raíz, y este es un comentario que hace Burton Russel en su prefacio de El príncipe de las tinieblas.

" No existe ningun nexo etimológico entre las palabras inglesas Devil y evil, ni tampoco entre devil y la raíz indio-europea dev que se observa en devas o en inglés divine.  El inglés Devil, como el teufel alemán y el Diablo español, se derivan todos del griego diabolos, que quiere decir "calumniador", "perjuro",  o un adversario" en la corte. Este nombre fue aplicado por primera vez del Diablo en la traducción del Antiguo testamento (siglos II y III a. C.) en correspondencia con el hebreo Satán, que significa "adversario", "obstaculo" u "oponente". " [i]

Así vemos dos principales etimologías  del diablo; el griego  diabolos con los significados ya dichos y del hebreo  Satán, sin embargo estos dos no han quedado libres ni puros en el transcurso de su historia. Ya en el tercer siglo de nuestra era nace el nombre Lucifer de la asociación del gran príncipe, Isaías 14, la estrella de la mañana quien cayó desde los cielos debido a su orgullo. Los bizantinos creían también que el Diablo era una criatura de Dios, que los demonios eran ángeles que habían caído por su orgullo. Y que nos tentaban para alejarnos de Dios. Sin embargo esta tradición principesca se unía a otra de Oriente con influencias de Iran y de la India.

"Los demonios derivaban de espíritus malignos menores del Medio Oriente, mientras que el Diablo derivaba del mal'ak hebreo, la sombra del Señor y el principio mazdaísta de la maldad." [ii]

Así se empieza la construcción de Lucifer príncipe de los demonios que eran espíritus malignos aunque éstos no estaban asociados a él en un principio sino a otros dioses mayores que llegaban a estar establecidos dentro esta jerarquía de demonios. Sin embargo recordemos que el cristianismo surge en medioriente de donde podemos pensar que se retomo esta variedad de demonios malignos de los que podemos pensar había toda una jerarquía en la India e Iran en donde eran conocidos como devas o daevas.

Una tradición helenística tardía clasifico a todos los espíritus malignos como daimonia, "demonios", en donde Satán entraría en la clasificación. Ésta fue la primer fuente de confusión y la segunda se refiere a la tradición hebrea de los ángeles caídos. Malakim hebreos, o ángeles, ocupaban un espacio en la cadena entre Dios y la humanidad, tal como los daimonia.


Solo cuatro religiones tienen una unica figura del diablo: el mazdaísmo( zoroastrianismo), la religión hebrea antigua (no así el moderno judaísmo), la cristiandad y el islam. Antes de éstas no se halla en las antiguas religiones greco-rromanas, ni en el hinduismo o budismo una  personificación única del mal, así como en las religiones antes mencionadas.

Considérese que ninguna religión puede verse como una fuente de pureza ni siquiera los judíos que parecen haber querido mantenerla lo más “original” posible también  ellos han tenido influencias de otras partes, y no se quiera observar un mismo grupo judío desde el principio de los tiempos sino una particular diáspora y que la comunicación entre judíos y cristianos no fue intensificada y prohibida hasta el XII. Así el concepto de diablo se ha desarrollado en diversos contextos aunque  hasta  ahora solo he hablado y hablaré del comienzo del concepto del Diablo en el cristianismo primitivo.

"El término "principe" (archon) para designar al Diablo siempre se contrasta con el de "Señor" (kyrios)  que se designa para nombrar a Cristo." [iii]

Es prudente observar que Cristo es Señor mas no Señor de Señores como lo podría o es Dios, así creo cuando se da esta oposición no se da entre la representación del Dios cristiano en contra de el Diablo, príncipe de las tinieblas sino entre Cristo y el Diablo. Siempre conservando la distinción  entre el Señor y el Señor de señores pues uno es incognoscible, eterno y el otro cognoscible y mortal, sin embargo esto será tema de discusión en diversos concilios sobre que tanto era humano y divino Cristo.

Sin embargo el Diablo también entra en esa misma oposición como sombra y contrario a Dios, entonces el Diablo es igual que Cristo, cognoscible,  mas no mortal. En el Libro de Apocalipsis dice que el Diablo está encadenado como consecuencia del acto redentor de Cristo, pero que será liberado cuando se aproxime final de los tiempos. En la segunda venida, Cristo encadenará  a Satán por mil años y luego de los cuales Satán volverá para ser finalmente destruido. Esta dinámica es meramente cristiana y desarrolla un papel importante en todo el primer milenio.

Sin embargo en la tradición judía  están las aggadah, historias morales, leyendas, sermones, dónde el Diablo llamado Sammael más a menudo que Satán  es usado por Dios para probar los corazones. Las leyendas judías registran detalles sobre Satán o Sammael, por ejemplo que tiene doce alas; está cubierto de ojos; es hirsuto como una cabra; puede cambiar su forma a voluntad; es un ángel rebelde que la humanidad solo puede vencer siguiendo la tora.

La tradición judía parece tener más influencia en la tradición cristiana que a la inversa, y es que la problemática de el Diablo como un ente independiente de Dios, como su opositor y a su vez como igual a él es algo que no queda esclarecido en ninguna tradición y menos cuando se mezclan como es el caso del cristianismo que al tener que extenderse debe ir adoptando ideas.


[i] Jeffrey Burton Russell, El príncipe de las tinieblas, El poder del mal y del bien en la historia, Editorial Andrés Bello, Chile, Pág. 20
[ii]  Ibíd., Cristo y el poder del mal, Pág. 67
[iii] Ibíd., Cristo y el poder del mal, pág. 65

viernes, 6 de abril de 2012

Celso contra los cristianos

Sobre las voces contra el joven cristianismo brama, como lúbrico tornado: la voz de Celso.
Intelectual pagano […] hombre culto, interesado por los fenómenos religiosos y sociales de su tiempo […] manifiesta en su obra un gran interés cultural. Conoce bien el platonismo del siglo II. Cita las obras Fedro, Timeo, La República, Las Leyes, Las Cartas, Fedón y la Apología de Sócrates. […] Celso se informó muy bien acerca de las religiones cristiana y hebrea. Leyó con sentido crítico el Génesis y el Éxodo, así como los episodios principales del Antiguo Testamento, los evangelios sinópticos, y tiene noticia del Evangelio de Juan. Ha leído las Cartas de Pablo, y conoce la existencia de los evangelios apócrifos y de los apologistas cristianos del siglo segundo […] Está al tanto de los principales temas de la disputa entre paganos y cristianos y entre cristianos y judíos. Tiene noticia, igualmente, de ciertas doctrinas heréticas cristianas como la de Marción y de Valentín. Ha viajado por Egipto y Palestina. Para él no tienen secreto los misterios y las prácticas mágicas. […] Está muy interesado por los cultos mistéricos […] Cayó en la cuenta de la extraordinaria importancia que el cristianismo había alcanzado para el Imperio romano, y que aportaba una serie de valores espirituales hasta entonces desconocidos. […] Al atacar al cristianismo, Celso se manifiesta un intelectual serio. Es un polemista nato, y utiliza hábilmente su sentido crítico […] La obra de Celso no gozó de aceptación. Orígenes fue el único escritor cristiano que se ocupó de ella y valoró su importancia. [i]
Con la calentura de un carnero embistió Celso el tierno árbol cristiano. Es casi inexplicable como sus raíces resistieron tan despiadado embate. Enumeraré sólo algunas de las muchas y precisas acusaciones de Celso al cristianismo.
El dios maldito.
Y el rumiante Celso se abalanza pues contra el dios judeocristiano:
·         “[este es] el Dios maldito (creador o demiurgo), que hace llover y tronar, el Dios de Moisés, creador del mundo… Dios maldito [porque] maldijo a la serpiente que quería enseñar al primer hombre el conocimiento del bien y el mal”[ii] Es vanidoso, colérico, inseguro, impío, irascible,  celoso. Lleno de pasiones humanas. Impotente; incapaz de hacerse obedecer por su creación. Indolente; permitió que su hijo padeciera su pasión.
Y sobre Cristo:
·         [nació] de una mujer pobre, convicta de adulterio, repudiada por su esposo, que dio luz un hijo a escondidas. Se marchó a Egipto, donde conoció la magia por la cual se proclamó dios. El carpintero la tomó por mujer, pero, convicta de adulterio, quedó encinta de un soldado de nombre Pantera[iii].
·        Cobardemente, huyó a Egipto. Vergonzosamente arrestado, fue abandonado por sus seguidores. Fue de la estirpe de magos “que en medio de la plaza, por cuatro perras, venden su ciencia sublime”.[iv]
·         Era feo.

Bobos y miserables.
A los cristianos toca el segundo tope de carnero:
·         Irracionales. Pues en el océano del mundo su balsa no es la razón. El conocimiento, señalan, es un mal. “Predican la sabiduría divina a la gente inculta, a los ignorantes, a los esclavos, evitando siempre la confrontación dialéctica con las personas instruidas”.[v] Desprecian el saber y la ciencia. La consigna: Rechazar a los sabios y hacer proselitismo entre los bobos. Así, el origen de su religión huele a mundo. Su fundamento es la rebelión política. Los cristianos se rebelan contra la comunidad judía. Así como ellos se rebelaron contra el poder egipcio. Igualmente, creen en la resurrección de la carne y esto para Celso, sólo es admisible entre gusanos. “Se humillan de modo degradante, arrodillándose, vistiendo el hábito de los miserables”,[vi] de los marineros, de los publicanos, de los desheredados, de los marginados, de los pecadores,  de los locos.
·         No debió ser  fácil percatarse de la filiación de judíos con cristianos, Celso la exhibe como si de algo oculto se tratara. Ella por otra parte, daña más que ayuda  a los cristianos.  Sobre los Judíos Celso dice “ Son esclavos arrojados de Egipto,… que no hicieron ninguna cosa importante, y [fueron] desconocidos por los griegos […] remontan su genealogía a una generación de magos y vagabundos ”[vii]
 La religión paródica.
Finalmente, el pitón del toro Celso hunde su filo en las entrañas de la religión misma.
·        El cristianismo es una secta de origen bárbaro que no representa ninguna originalidad. Hay antecedentes en Platón de la sentencia cristiana: Al que te abofetee en la mejilla derecha preséntale también la otra. El nacimiento de una virgen se encuentra ya en Danae, Melanipa, Auge y Antíope. Alega casos de muertos vueltos a la vida, como Zalmoxis (resurrección falsa, a decir de Heródoto), Pitágoras, Rampsonit de Egipto, Orfeo (que descendió a los infiernos para traer a Eurídice), Protesilao en Tesalia, Heracles y Teseo. Sobre la resurrección de Jesús y su deificación se conocen casos semejantes en todos los pueblos. Las teorías cristianas de los siete cielos derivan de las iranias y de los Cabiros. Los ritos cristianos estaban copiados de los misterios de Mitra; hay un influjo poderoso de las religiones mistéricas en lo cristiano[viii]
·         La raíz del cristianismo es el judaísmo y sobre este Celso dice:
La leyenda de la torre de Babel es una distorsión de aquella de los hijos de Aloeo, Oto y Efialtes, que quisieron escalar el cielo sobreponiendo el monte Olimpo, y el Pelio al Ossa, empresa que fracasó al ser asaetados por Apolo. La leyenda de Faetón reaparece en la leyenda del castigo de Sodoma y Gomorra. El diluvio es una falsificación del mito de Deucalión. Así, ni la circuncisión, ni la prohibición de comer carne de cerdo es privativa de los Judíos, antes las practicaron los egipcios.[ix]



Bibliografía
Blázquez, J.M. "La  reacción pagana ante el cristianismo" en Alvar, Jaime; Blázquez, José María et al, Cristianismo primitivo y religiones mistéricas ed. Cátedra, Madrid, 1995. Pp. 171-184.


[i] Blázquez, J.M. “La reacción pagana ante el cristianismo” en Alvar, Jaime; Blázquez, José María et al, Cristianismo primitivo y religiones mistéricas ed. Cátedra, Madrid, 1995. Pp. 171-172
[ii] Ibíd. p. 181
[iii] Ibíd. p. 173
[iv] Ibíd. p.174
[v] Ibíd. p.180
[vi] Ibíd. p. 180.
[vii] Ibíd. p.177.
[viii]Ibíd.  Pp. 171-184
[ix] Ibídem.